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Carta a una cama


28 de julio de 2010:

   Con lágrimas en los ojos te escribo, quizá esperé mucho tiempo para hacerlo, pero hoy debo informarte las nuevas medidas aunque me duela. Muchos años de amistad nos unieron, me acuerdo cuando me obligaban a dormir la siesta y yo no quería, vos me entendiste, yo también lo hice. A partir de allí forjamos un camino largo, extenso, en el que logramos ser uno solo. Nuestra relación podría denominarse "enfermiza" en la que ninguno de los dos podía vivir sin el otro, por estar tanto tiempo con vos pase momentos malos, los cuáles finalizaron con pésimos rendimientos escolares. Como toda pareja logramos salir adelante, luchando día a día para mantenernos unidos.
   Pensé en cambiarte por una cama de clavos, para dejar atrás este nefasto hábito que se denomina dormir. Luego decidí no hacerlo porque obviamente le iba a encontrar la vuelta y los clavos no me iban hacer nada bien. Todo me llevó a pensar que mi batería estaba fallada, como cuando pones a cargar tu celular toda la noche y después al otro día te pone batería baja. Bueno así me sentía yo luego de dormir varias horas.
   Ay, se me juntan tantas cosas lindas que se me hace muy difícil llevar adelante esta separación. Los inviernos compartidos, las siestas eternas después del colegio, los programas de tele que vimos juntos, horas y horas de sueño. Pero llega un momento que la cabeza te hace "click", y te das cuenta que todavía no existen las carreras relacionadas con el sueño o con ser "catador" de colchones, es decir, esto de dormir no tiene salida laboral.  
   Por todo esto decidí distanciarme de vos, aunque nos duela será lo mejor para ambos. Un amigo me dijo una vez: "Como voy a dormir cuando me muera", y tenía razón ya va a ver tiempo para eso.

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