Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2010

Sin infancias pobres

El lunes te aviso

Así es la vida, acá estamos con Fernán, no se llama así por Fernán Mirás, es por un bailarín español, eso no importa. A él no le cierran los números, mira la hoja y vuelve a la calculadora, aprieta AC/on en su “Casio”, para empezar todo de nuevo.  Yo, en cambio, lucho, va, me peleo con aminoácidos, membranas plasmáticas; si y encima rindo el lunes. Si el lunes,  estoy más para el famoso “no te alcanzó, pibe, vení cuando sepas algo”, que para romperla.  Cortamos ese silencio de estudio, y hablamos de cualquier cosa, todo para no estudiar. Él habla de su viaje a Europa, yo me hago el periodista y le pregunto algo de Francia y otros países.  Él piensa en volver, yo, si dios y todos los santos quieren, en conocer algún día. Si aprovechara cada minuto que estoy sentado estudiando, es decir, sacando todas las pavadas que uno hace para evitar estudiar, hoy estaría doctorado en alguna rama social o algo así. Se hace muy difícil, y vos que estás leyendo sabes que es así. Después, te arrepentís…

Prevención caída

Imagen
Este es un tema que ya me está empezando a preocupar, quizá para algunos es algo menor, pero para mí no. Cada vez que lo llamo a mí hermano, siempre  le pregunto cómo está respecto a este tema. Él es optimista, pero no es boludo, empezó un tratamiento para combatir este flagelo que está arrasando con el género masculino. Yo, en cambio, me compré uno de esos shampoo que dice prevención caída, una mentira gigante, enorme, pero bueno en algo hay que creer. Cuando lees la parte de atrás, te venden un mundo hermoso, con frasecitas acompañada de imágenes diciendo: “Transforma tu cabello en un cabello saludable”, “Así lo tenes: Débil, quebradizo y se cae fácilmente”, “Como te va a quedar: Resistente contra la caída, fuerte y hermoso”. Y un hombre desesperado, hace cualquier cosa; como comprar este shampoo con un cartel enorme diciendo prevención caída. Mi abuelo, de ochenta años, tiene una melena impresionante, y va al peluquero una vez por mes. Él es mí única esperanza, porque de parte de m…

Reflexiones mías

Imagen
Es sábado y yo me quedo en mi casa, los chicos que viven conmigo salieron, me invitaron, pero les dije que no, no sé por qué, pero les dije que no. Arriba suena cumbia al palo, me puse una gorra, que alguien se olvido en casa, y me di cuenta que las gorras no me quedan bien (comentario innecesario). Sigo. Hay momentos que son para la reflexión, análisis, y algo más. Miró para atrás y pienso que en algunas cosas sigo siendo el mismo; ese que se sentaba atrás de todo en el colegio, al que no le importaba nada. Ese al que mi vieja puteaba, putea y, creo, seguirá puteando. Pero, paren, venir para este lado del río, me hizo evolucionar, cambiar en muchas cosas. Ya no soy ese pibe lleno de miedo que vino a vivir a una pensión en Buenos Aires, que creía en todo lo que le decían, que a veces callaba, que era políticamente correcto. No ya no. Aprendí a vivir lejos de los que quiero, a pelear en cada góndola, a aplicar la economía de guerra. Cuando empecé la carrera de periodismo nunca pensé en…

Las pasiones se esfuman con la edad

Veo los bares llenos y me alegra. Me alegra que la gente se mire, se escuche, se ría y que esas sonrisas queden dibujadas en sus caras por unos segundos. A pesar de mis flaquezas económicas, de vez en cuando me doy un gustito y me siento en un bar, no importa en cual, no tengo uno fijo. Siempre elijo mi mesa pegadita a la ventana, sino hay en ese sector, doy media vuelta y me voy. De qué sirve sentarse a tomar un café, y no poder ver la calle, la gente que corre el colectivo, la viejita que deja la vida en cada paso que da, y todo eso que la gran urbe nos brinda. Ya con el café en mi mesa, empiezo a meterle azúcar, uno, dos, y cuando vengo amargado le meto hasta tres sobrecitos.  Voy revolviendo con la cuchara, pienso, mientras me llega el humo del cigarrillo del viejo de al lado, que lo sostiene con sus uñas amarillas, y lo besa con bigotes canosos. De golpe, miro por la ventana, y veo a cinco chicos que venían de la escuela, con sus enormes mochilas, esas que compran las madres, en l…