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Que se yo


Che, bueno me senté a escribir y no sé de qué se va a tratar este post. Algo que venía pensando, hace unos días; no se puede levantar una mina desde la clandestinidad de la timidez, no imposible. Lo quería decir nada más. Sigo. Cómo se me caga de risa la vida, aunque a veces me rio yo, pero a escondidas. Porque cuando te ven bien ya te tiran la mala onda, o te empiezan a contar sus problemas. Yo ya tengo los míos, eh. Con esos me alcanza y me sobra. Ya me falta pagar sólo dos cuotas de los ideales que compre. Para variar en la heladera no hay nada, alguna botella de agua sabor cloro, buen slogan para una propaganda. Cubeteras y una mayonesa que nadie se anima a tirar. La cocina está un poco sucia, un poco nada más, hay un par de platos en la pileta. Nada del otro mundo. Mañana me voy para mi ciudad, parece que pegué viaje gratis, una buena. No voy a tener que viajar en esa empresa que para en todos lados. No gracias a dios, la última vez la pase mal. Estuve esperando casi todo el viaje el alfajor que te dan y cuando el tipo subió para repartirlos yo me quede dormido. Que bronca me agarre. Sí, soy un pésimo acompañante de viajes, me duermo en seguida. Todavía me acuerdo del viaje de vuelta de Mar del Plata cuando casi morimos cinco veces en la ruta con mis amigos. Barba te debemos una, te debo una. Me avisa Fede que mañana festeja el cumpleaños Paula. Yo le pregunto si va a ir todo de negro como pide la invitación. Él me dice sí, sino no entramos boludo. De dónde saco una camisa negra yo, no soy de ir a funerales, tampoco tengo un gran caudal de prendas. Bueno, algo se me va a ocurrir. Ya cierro, eh. No se enojen. El sábado parece que volvemos a la quinta del flaco Huber, un amigo que no duró tanto como yo en esta ciudad. A contar estaciones de servicio se ha dicho. Bueno los dejo, ah el lunes es mi cumpleaños, la puta madre. Cómo pasa el tiempo…

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