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Mostrando entradas de marzo, 2011

Que linda sos, estúpida.

Ya pensaba en claudicar, como siempre, en dejar todo librado al azar. El enojo me cubre como una campera en los días de invierno crudo, doloroso, imposible de ocultar, ¿ser correcto?, no ya no puedo, y tampoco –me parece- quiero.


Las frivolidades continuas, sin respiro, sin descanso, me pegan en la cara, en los riñones, ahí en el izquierdo. Me encantaría bañarme en inconsciencia, mirar sólo para adelante, sin importar, sin más. Cuantas veces me caí y me pegué contra el cordón, y seguí con la sangre que caía de la boca. No, señora no es nada, siempre me caigo y me pegan, estoy acostumbrado. Una remera menos, o una más marcada por la bandera que levanto. Qué sé yo, como te guste mirarlo. Nunca me gustó ser parte de eso, y me siento a pensar, para qué me digo, y vuelvo caminando con la cabeza baja, silbando una canción, con las manos en los bolsillos, rompiendo el boleto del colectivo, y le toco timbre a la esperanza y no me abre, y sigo, yo sigo. Y doy la vuelta a la manzana, y no te enc…

Construir desde el amor y no desde el odio

El acto de Huracán demostró otro, por así decirlo, acto de cordura de la presidenta. Llamar a la juventud pidiendo construir desde el amor y no desde el odio, es ese el acto de cordura. En los setenta, la juventud peronista se equivocó, claramente, en las formas y –dicho sea de paso- en basar sus estructuras plenamente en odiar, en unificarse bajo imperativos fuertes. Esos imperativos fuertes los llevaron a enfrentarse, no a construir sino a luchar por la vida o por la muerte.
Cristina, sabiendo el poder que tiene su discurso, su figura, ante esta juventud no esgrimió un discurso cargado de odio y tampoco apuntó a un enemigo directo – eso que tiene y varios- sino que buscó cargarlo de políticas realizadas y también a realizarse. La idea gira en torno a cambiar el imperativo fuerte de aquella juventud, que era por ejemplo: “Patria o muerte”, o “Perón o muerte”, por uno que vende menos pero que es el resultado de la evolución de aquella juventud conjugada con la actual: “Amor”.
La diferen…

Tanta vulgaridad

Venía esquivando, las noches –esas noches de jugo horrendo- de aire acondicionado, noches de ruta con la cabeza pegada a la ventana. Caminar por plaza Miserere, a las tres de la madrugada, la ropa se te desase, las zapatillas desaparecen. Un treinta y siete que no aparece, el mp3 se queda sin batería o el auricular se rompe, te anda uno solo, o ninguno. Cansado de esperar en la terminal, de ver los números rojos que cambian, las gaseosas a precio dólar, el celular sin un peso, se me caga de risa. Desfilan las chicas lindas, que se van, a dónde no sé, pero se van. Me levanto del piso, voy al kiosco de revistas y me compro el diario. Siempre me gusta enterarme de lo malo leyendo. Me acuerdo que dejé el gas prendido, la puerta sin llave, la basura adentro, no pagué las expensas, ya no hay vuelta atrás. Vuelvo a leer, algo internacional, de medio oriente, miro y se acerca el colectivo amarillo que me lleva y me trae, el que corta boleto tiene un tatuaje de una virgen, no sé cuál es, creo …

Destino

¿Dónde van las miradas, esas que se pierden en la calle, por la gente, el ruido, a caso surgen para para perderse y nada más? ¿Algunos mensajes mueren sin que los decodifiquemos o en fin nacen para eso? Quiénes son los que tienen claro lo que miran. Lo que buscan, será que cada mirada tiene una sola perspectiva y también fecha de vencimiento. O lo que miramos tiene fecha de vencimiento, como todo –a veces ciertas cosas nos vencen y nosotros mismos nos damos por vencido, porque a nuestro entender cumplió la fecha de prestarle atención- suceso.

El refugio más simple, más monótono, es adjudicar todo al benévolo destino. Ese que es incurable, también despavorido y –a nuestro entender- posee cierta linealidad imposible de resquebrajar. Algo completamente difícil de cambiar, tan difícil como tocar el cielo con las manos (para traer un ejemplo imposible, aunque algunos creen- en su mera locura- poder hacerlo). Cuando esa religiosidad, crece en la conciencia de las personas, instala un halo d…