Mi vecina, "Chelo" Marcelo y una vuelta de tuerca


Le decía a Florencia, que vuelva a escribir, y me contestó que ella nunca dejaba de escribir. Y pensé, que pelotudo, tiene razón. Y yo lo sé bien. Digo, eso de escribir contantemente y no publicar. Bueno no importa. Hola, Marcelo. Mañana voy a cortarme el pelo. Está, tipo 11 estoy por allá. “Chelo” Marcelo, mi peluquero tiene cierto parecido con la señora –mi vecina- que barre la vereda a las siete de la mañana. Salgo a la calle apurado y mi hermosa vecina, arrugada por los años y por su hermosa mezquindad me dice:


-Federico, viste lo que hizo el gobierno, (cara seria, bah muy seria).

-No, la verdad que no sé. Son las siete de la mañana. A esta hora las neuronas no me funcionan, usted sabrá.

-No, pero es terrible. A ustedes los jóvenes no les importa nada. Además, que griterío que había en tu departamento anoche, no pude dormir nada. Ya te va a llegar la carta del consorcio.

-Pero usted me quería hablar de algo que hizo el gobierno. Que es –según usted- algo terrible, algo realmente peligroso. Y me sale con esto, aparte yo no era el del quilombo, ese es el comisario de abordo, que volvió de un viaje. Y usted sabe lo que le pinta cuando viene de viaje.

-¿Qué le pinta? –pregunta enojada.

-Usted sabe, usted sabe… ¿Qué quiere hacer el gobierno, cuénteme, rápido que no llego?

-A cierto, de eso te quería hablar. Vos que sos oficialista y defendes a estos corruptos, sinvergüenzas, que no hacen más que mentirle a la gente.

-Disculpe –la interrumpo- además de todo eso que usted dice, que es lo que me quiere decir, dígame que me tengo que ir.

-Pero si no me dejas terminar, hombre. Lo escuché en la radio, en la tele, después lo leí en el diario. Es más lo corte para que lo veas, para que lo guardes o lo pegues en tu pieza.

-Bárbaro, divino, pero me puede decir de una vez por todas…

-Ahí te digo, nene. Espera –saca de un bolsillo la nota- ves lo que te digo, mira.

Agarro la nota, la desdoblo tratando de no romperla. Leo el título. –Por esto me jode, por esta nota. Chau me voy, tengo cosas que hacer después si usted quiere lo discutimos. Pero ahora no tengo ganas. Chau.

-Siempre lo mismo (sonríe, como si hubiera ganado una batalla).


Me fui tomé el colectivo, con la súper tarjeta SUBE, que realmente me cambió la vida. Si, no tuve que comprar más pastillas, chicles o bueno una vez una kiosquera no me quería dar monedas y le tuve que comprar un paquete de figuritas. Late, late, late, no la. Hice todas las cosas que tenía que hacer y fui a cortarme el pelo a lo de “Chelo” Marcelo. Llego, lo saludo. “Chelo”, está contento-pocas veces lo encuentro contento-.

-Hacemos lo de siempre.

-Sí, fíjate que la última vez me cortaste mucho. Y tardó en crecer.

-Me estás jodiendo. Si hice todo lo que me pediste. Que te deje largo atrás, que te saque esos rulos que se te hacen al costado –Mira por el espejo, haciéndome cara esperando que le dé la razón-.

-Sí, bueno puede ser. Será que cada vez me crece menos el pelo.

-¿Che, vos sos periodista, no? –Mira por el espejo como haciendo memoria-

-Intento, intento…

-Ah, contame eso de la Ley de Medios. Estos tipos van por todo. Van hacer cualquier cosa.

Pienso unos segundos -Tenes tiempo.

-Y hasta que te termine de cortar, tengo.

-(Lanzo una risa) Mira, es complicado para el que no está metido en este baile. Voy a tratar de darte un ejemplo. Vos, laburas para un tipo que contrata a muchos peluqueros y de su ganancia te da el 10%. ¿No?

- Si, me quiero ir a la mierda, es un hijo de puta.

-(Lo interrumpo) Bueno, vos laburas para este tipo, y este tipo a su vez también tiene varias peluquerías más, ponele como esta. ¿Me seguís?

-Sí…

-Bueno, este tipo se divide Capital Federal con otro tipo más que tiene otras cinco peluquerías iguales que esta. Entonces, esos dos tipos, imponen cuanto se cobra el corte, cuanto le pagan a su staff, o sea a vos, y monopolizan el negocio de las peluquerías. Es decir, ellos imponen también la moda que se instala en las cabezas.

-Ajam (me mira dubitativo). ¿Y que tiene que ver esto con la Ley de Medios?

-Ahí, llego. Espera. Ponele que se invente una Ley de Peluqueros, y esta Ley establezca que un peluquero no puede tener más de dos peluquerías. Eso permitiría que vos, o cualquiera de tus compañeros pueda poner su propia peluquería, sin tener que sufrir una lucha desigual y que existan una mayor cantidad de peluquerías, de diferentes dueños, ampliando la libertad de tijeras.

-¿Pero van por todo o no? –me pregunta como enojado-

-¿Quiénes? –repregunto-

-El gobierno. De que estamos hablando.

Pienso un segundo, ya le explique todo, le di un ejemplo relacionado con su trabajo. No me entendió. No tengo ganas de explicar más nada.

–Sí, “Chelo” van por todo- le digo resignado-.

-Viste que te dije. Ah, y cómo es eso de la Ley de peluqueros, quieren también quedarse con el negocio de las peluquerías.

-Sí, tené cuidado que te quedas sin laburo. Me quedo bárbaro, “Chelo”. Gracias.

-Si no terminé.

-No importa. Me gusta así. Nos vemos.


Nos saludamos con Marcelo, yo me fui caminando por la avenida. Sin duda, “chelo” no había entendido nada de lo que le había explicado. ¿Había sido claro, o “Chelo” no quería entender, como la vecina de hoy?, porque a la vecina le aumentaron hoy la jubilación, pero ella esta obstinada en que todo anda mal. Y me saca esa nota, esa puta nota, que miente desde la primera letra hasta la última. Pero cómo hago para explicarle esto a la vecina, no le pude hacer entender esto a “chelo”, que tiene menos de cuarenta años. Mi vecina tiene como ochenta, y además es de la generación de la famosa frase: “Si lo dice la tele, o la radio es verdad”. Qué difícil es ser cortesano en esta vida, que difícil amor…

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