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Ay, esta inconstanciaaaaa

Vos fumas, esos cigarrillos, que sacas de ese paquete todo arrugado, sabés que no me gusta, te reís, me tirás el humo; yo te contaba eso de la simpleza, la que me gusta a mí, no la chabacana, la boba, sino la que supero lo complejo, me preguntás algo que nada tiene que ver, sigo hablando, mirás la calle, con un suspiro, te acomodas el pelo, revolvés tu cartera, buscando no sé qué, te ponés en cuclillas, con la cartera en el piso, haces un gesto, como encontrando algo, yo ya estoy contando las monedas, te saludo desde la ventana del colectivo, y pienso en mi inconstancia, que me persigue…

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Es difícil convivir con el agua. Hace una semana que tengo el baño inundado porque, como siempre, todo puede salir mal. Una mudanza implica estar alerta a las complicaciones que conlleva, intrínsecamente, el reconocimiento del terreno. Es decir: lo único que te abraza es la dificultad. Primero tuve problemas con el calefón, es uno de esos viejos, en el que uno siente que en cualquier momento te puede volar la cara de un una explosión. Llamé a un plomero y lo arregló. Después fuimos por el baño. Vamos por todo, amigos. Sin embargo, el inodoro fue más rebelde. El plomero le cambió la goma del caño de atrás, pero ese no era el problema. Gracias a dios el plomero se dedica a esto y no a operar personas, porque si no tendría varias causas por mala praxis. Claudio, si el plomero, me bicicleteo una semana con que iba a venir a arreglar lo que hizo mal, te voy a llamar, no, bueno, entre hoy y mañana estoy por allá, y todo eso. No vino y el agua ganó el baño. El problema es concreto: el inodo…

La chica del colectivo