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Mostrando entradas de agosto, 2012

El horizonte de lo posible

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Recién, salía del diario, me compré en un chino una cerveza helada. Venía esquivando viejas, por la calle. Voy por calles laterales, donde lo focos se apagan antes, justo, pasé por la comisaria, me cruce delante de una cámara de televisión, tomando, una brama, ja, como me putearon. Putos, ustedes, canal 26. Vayan a vigilantear a otro lado. Llegué a la parrilla de la esquina, había una piba hermosa, con un boludo, importante, después sigue.
Las cosas se solucionan, ahí, decía, donde los sócalos son impares, invisibles, al tacto de una pared áspera. De noches ásperas. Ahí cuando todo parece terminarse, en la pared, sin sócalos, sin mucho reflejo, con el aire del cigarrillo. No hay mucha medida de eso, y mis respuestas, entrecortadas, siempre voy cortando las cosas, como por partes, atando algo que no se puede atar, como los sócalos, impares, sucios por miradas rancias. Las cosas se solucionan ahí, o mueren, para siempre, con un beso al olvido, si es que olvido. Con la efervescencia de …

Reelección

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Bueno, digamos, ay, se me metió un auto abajo de la cama, en el techo, en el placard, la puta madreeee, son las cuatro de la mañana, la alarma no para de sonar. Ya va señora, estoy muy enojado, ya son las seis y escribí tres líneas. Estoy escribiendo muchas cosas a la vez, digamos, igual muy disimiles, por un lado, algo, que vengo trabajando hace un toco, pero que no tiene, todavía, una salida. Ya se verá. Ya está el agua para el mate, me cortaron el cable, señora, porque usted, avisó que me colgaba, qué arte, esa la de buchonear, eh. La alarma sigue sonando, está todo el barrio muy contento, estoy muy contento. Este disco del indio es bueno, obvio, con otras escalas, otros matices,  y el problema no es del indio, que, obviamente, tiene que buscar eso. El problema, decía, es de las personas de a pie que siempre buscan repeticiones, porque, ejem, viven de las repeticiones. El Indio, señoraaa, es ese muchacho malvado, que no sale en la tele, y tiene una poesía muy oscura, altamente dul…

La chica más guapa de la ciudad

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Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía. Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la g…

Murieron los diarios

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La cosa es sencilla, los diarios han muerto, señora. Digamos, tienen ya los días contados. Eso discutíamos ayer, en el diario, donde trabajo, señora, si, de algo hay que vivir. Decía de eso hablábamos con Gustavo, uno de mis compañeros –con quien pensamos robar un banco, la idea es de él, pero yo me acoplé, hablamos de robarnos un palo (no, señora, no avise a la cana), y obvio, si hay una jubilada, le vamos a pegar, para que después aparezca en crónica, y la gente indignada, diga: Qué barbaridad, este país!- de redacción. Digamos, la cosa va tomando volumen, y, para que se entienda, ya estamos del otro lado del puente. No hay transición, ya está. Este traspaso –que ya sucedió- comienza a notarse, no ya solamente en los grandes medios de la capital portuaria, sino en las provincias del interior, y pequeño detalle, en las más conservadoras.  Eso es lo que indica la muerte del papel. Que diarios con estructuras chicas, ya tengan una redacción –no paralela- pero con más de tres redactore…

Aclarar

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Era, la chica de la estrella, en la nuca. De miradita corta, solapada, con un flequillo encantador. Era, la chica de la estrella, como si fuera redundante, como si hiciera falta, aclarar. Era como decir dos veces hola (hola), tenía, el andar desfachatado, como me gusta decir desfachatado, como si fuera un elogio –desfachatado-, como si hiciera falta aclarar. Una estrella de caminos de pavimento, ya no hay, en esa estrella, calles de tierra, tampoco quedan faroles en las esquinas. Era la desbocada esperanza de abrazar cinco diagonales, como si hiciera falta aclarar, no había nada que aclarar. La estrella de la estrella. La mirada con candor de viento, de gorriones, perdidos, una estrella rustica, de almacén. Pero su mirar era bajito, de baldosa, de terraplen, como si hiciera falta aclarar. Aclarar qué. Las cosas no se tienen que aclarar nunca, se tiran al aire, como una escupida, sobre el andar, el que lo agarra, lo agarra. Aclarar qué. Se fue perdiendo con los días mi visita a la est…