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El vuelo de los comisarios



Una vez un legislador nos recibió, a unos compañeros y a mi, en su despacho. La sala era luminosa, tenía secretarías, y las ventanas daban a la plaza. El hombre era fanático de Boca y tenía cuadros con otros políticos. Pero la mayoría eran con los mismos. Era gracioso ver como el tipo sobre representaba su lealtad hacia sus mentores. También tenía una foto de su hijo. Los políticos son seres grises, aburridos, que viven paranoicos, metidos en la rosca. Recuerdo que fui a esa reunión por pedido de una compañera, que buscaba sumar puntos dentro de la orgánica. Algo para mí difícil, porque no respetaba al muchacho de traje. Y, en el fondo, sabía que eso no iba a funcionar.

El tipo aplicó el estúpido método de no mirarnos a los ojos. Jugaba con su celular, haciendo como que sellaba cosas importantes, mientras nos dejaba hablar. En el medio, su secretaria, entró a la sala y le dijo algo al oído. Parecía una comedia. El tipo nos pidió que saliéramos porque tenía que hablar con otro legislador. Teníamos que esperarlo unos minutos afuera. Ahí decidí irme. Cruce la legislatura, repleta de asesores, je, como el que se escapa de un manicomio.

Los comisarios no tienen talento. Los comisarios vuelan bajito para controlar de cerca. Les gusta sentir la sangre cuando se muerden el labio sin querer. Los comisarios, ante todo, reaccionan. Ser comisario es fácil porque no tienen que crear nada. Porque no ensanchan los caminos, los achican. No hay nada más lindo que ver un comisario caído en desgracia. Su celular no suena. Andan con trajes gastados y se quedan horas eligiendo qué lata de ensalada rusa sale más barata. Es como esos soldados que volvieron vivos de una guerra. Saben que la guerra termina solo para los que murieron en combate. Esta década sobre narrada dejó un vendaval de comisarios. En los diarios, en las radios, en los hospitales, en los sindicatos.

Igualmente, nosotros les brindamos tranquilidad, cuando los crucemos por las calles no los vamos a llamar por sus nombres. Les vamos a poner uno artístico para que la gente no los cague a palos. Les vamos a indicar, con mucho cariño, por dónde están las salidas de emergencias. JEJEJE. PERO QUÉ RISA, CARAJO!

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