lunes, marzo 12, 2018

Carta a mi hermano Francisco

Una noche soñé que estaba dormido en un campo muy verde. Me quería despertar pero era yo mismo el que me contenía para seguir durmiendo. Éste sueño representa mis dos años en boxes. Una especie de playa que recorro con antorchas repletas de fuego. Es que siempre tuve la certeza de que en algún momento todo encaja para que todo lo demás funcione. Pero eso es de a poco, muy, de a poco.
Henry Miller y su frase hermosa: “En todos los lugares en donde hice la cama tuve que luchar contra la desesperación”. Siempre pienso en eso. Un artista, un escritor, alguien que intente hacer algo que no sea de suma necesidad va a tener que luchar con las fuerzas internas y externas, que van a buscar eliminarlo. El problema vital es cómo sobrevivir sin renunciar a la voz extraña que nos habla, que no nos deja conformar con tener sólo el bolsillo repleto de dinero.
Uno de los principales obstáculos es uno mismo. Para dejar de serlo hay que atravesar el lamento, el “Estado del Llorón”, para ingresar a la “etapa del Guerrero”. Ese hombre que no se lamenta por nada, que ordena su pieza cada mañana, que barre su tierra, que no cree en la representación del poder. Si tuviera que enseñarle algo a alguien que quisiera empezar a escribir, o a hacer cualquier cosa, le diría que lo primero que tiene que hacer es aprender a cuidar un jardín. Un ejercicio que sirve para todos los aspectos de la vida. Levantarse cada mañana, regarlo de punta a punta, comenzando a tener presente cada zona muerta y débil del terreno, cada lugar apuntado por el sol. Trabajar sobre la debilidad. Regar primero las zonas débiles. Después ir a las zonas intermedias, para ir de a poco a las zonas más hermosas, las verdes.   
Cosas más grandes verán, cosas más grandes harán, reza un pasaje del Sermón de la montaña. Estoy adentro de esos galpones que están en Retiro en donde las grandes empresas guardan muebles de oficina, lámparas viejas, papeles, sillas con rueditas destartaladas. Estoy viendo todo eso. Estoy comenzando a ordenar de a poco todo para poder hacer un gran corredor que conecta todo lo demás. Ahí vamos!

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