Hoy le escribo a esas palabras que no dije, que dejé de lado, que maltraté, que denosté sin darme cuenta.Algunas las fui soltando como forma de pago, otras las guardé en mis bolsillos agujereados y las perdí. A esas palabras que borro cuando escribo o las que me ayudan a escribir de un tirón. Las que me digo cuando estoy acostado a la noche, que me reprochan, me critican, me marcan mis errores.A esas palabras con las que quise herir y me hirieron.A esas que malgasté cuando sabía que no eran las que tenía que usar para decir algo. Las que esperaron su momento adecuado para ser parte de mi vocabulario. Las que le dije a un amigo para ayudarlo a pensar, a pensarse. A las palabras que usan los escritores que leo, a esas quetienen simpleza, espesura, calidez. A las que descansan en lugares comunes, las que escribí mal.A las malas palabras que nos ayudan a vivir el día a día. A las que no le pude decir a ella…
No. No lo puedo creer. Prendo la tele, y veo las noticias, que llegan de Ecuador. No lo puedo creer. Nosotros los que nacimos en democracia, pensábamos, creíamos, que solo íbamos a ver intentos de golpes de estado en libros, documentales, películas. Empujados por los que trabajan en la clandestinidad, esos que nunca dan la cara, los que engordan bolsillos, los que quieren seguir acostados en privilegios, acosta de divisiones, de enfrentamientos. Siempre lo mismo, los policías se levantan, contra ellos mismos, contra su gente, contra los que no tienen. Miraba la tele y pensaba, que triste es que países tan golpeados, cuando logran encausar la transformación social, ese crecimiento, esa nivelación poblacional, se vea interrumpida por un intento de golpe de estado. Esta vez no fueron las Fuerzas Armadas, y en este momento, aparentemente están lejos de este levantamiento. Pero también este golpe indica que Ecuador está en el buen camino, por algo se levantan los lobistas, justamente porque hoy no son prioridad para el gobierno de turno, porque se gobierna para el pueblo y no para las corporaciones. Los espacios de reflexión, que fueron creciendo a lo largo de los años, sirven para no volver cien pasos atrás, la memoriacomo principal activador para "desactivar" este conflicto. No es más tiempo para los que callan, los que se dejan someter, la historia demostró que el miedo no conduce a buen puerto. La gente ya no les teme, quiere pueblos trabajadores sin infancias pobres...
Así es la vida, acá estamos con Fernán, no se llama así por Fernán Mirás, es por un bailarín español, eso no importa. A él no le cierran los números, mira la hoja y vuelve a la calculadora, aprieta AC/on en su “Casio”, para empezar todo de nuevo. Yo, en cambio, lucho, va, me peleo con aminoácidos, membranas plasmáticas; si y encima rindo el lunes. Si el lunes, estoy más para el famoso “no te alcanzó, pibe, vení cuando sepas algo”, que para romperla. Cortamos ese silencio de estudio, y hablamos de cualquier cosa, todo para no estudiar. Él habla de su viaje a Europa, yo me hago el periodista y le pregunto algo de Francia y otros países. Él piensa en volver, yo, si dios y todos los santos quieren, en conocer algún día. Si aprovechara cada minuto que estoy sentado estudiando, es decir, sacando todas las pavadas que uno hace para evitar estudiar, hoy estaría doctorado en alguna rama social o algo así. Se hace muy difícil, y vos que estás leyendo sabes que es así. Después, te arrepentís, decís que boludo si esto estaba en el resumen, porque no lo estudié, y así podemos estar miles de horas tirando frases. Sigo estudiando, y enseguida se me lava el mate, no sé cuál es el error que hago, pero siempre se me lava. Mi vieja me llama y me pregunta como estoy para el examen, yo tengo esa puta cábala de no generar grandes expectativas, cuando sé bastante, igual esta vez creo que se ajusta a como estoy en realidad. Respuestas cortas; y más o menos, es una materia complicada, no sé con qué me van a salir, etc. Ustedes saben cómo es esto. Fernán, ya desistió, se fue a dormir porque tiene que ir a laburar, yo voy a probar seguir un poco a la noche y veremos cómo me va el lunes …
Este es un tema que ya me está empezando a preocupar, quizá para algunos es algo menor, pero para mí no. Cada vez que lo llamo a mí hermano, siempre le pregunto cómo está respecto a este tema. Él es optimista, pero no es boludo, empezó un tratamiento para combatir este flagelo que está arrasando con el género masculino. Yo, en cambio, me compré uno de esos shampoo que dice prevención caída, una mentira gigante, enorme, pero bueno en algo hay que creer. Cuando lees la parte de atrás, te venden un mundo hermoso, con frasecitas acompañada de imágenes diciendo: “Transforma tu cabello en un cabello saludable”, “Así lo tenes: Débil, quebradizo y se cae fácilmente”, “Como te va a quedar: Resistente contra la caída, fuerte y hermoso”. Y un hombre desesperado, hace cualquier cosa; como comprar este shampoo con un cartel enorme diciendo prevención caída. Mi abuelo, de ochenta años, tiene una melena impresionante, y va al peluquero una vez por mes. Él es mí única esperanza, porque de parte de mí viejo estoy bastante complicado. Si vieran el peinado estratégico que se hace a la mañana, bueno no les voy a contar eso, porque estaría invadiendo su intimidad. A partir de esta problemática, me surgieron algunas dudas, preguntas: ¿Cuando te das cuenta que sos pelado?, ¿Será que una mañana te levantas, como todos los días, vas al baño, te miras en el espejo y sos pelado? ¿Será así?, espero que no. Algo que me molesta mucho es cuando planteas tu problema y te dicen: Si vos tenes el pelo muy finito. Se hacen los dermatólogos. Hay que estudiar para dar una conclusión tan dramática. No miden sus palabras. Alguien le dijo una vez a Eduardo Galeano: “Sí los pelos fueran tan importantes estarían dentro de la cabeza", quizá me tenga que conformar con esta idea...
Pd: No se me cae mucho, solo dos o tres cuando me baño.
Es sábado y yo me quedo en mi casa, los chicos que viven conmigo salieron, me invitaron, pero les dije que no, no sé por qué, pero les dije que no. Arriba suena cumbia al palo, me puse una gorra, que alguien se olvido en casa, y me di cuenta que las gorras no me quedan bien (comentario innecesario). Sigo. Hay momentos que son para la reflexión, análisis, y algo más. Miró para atrás y pienso que en algunas cosas sigo siendo el mismo; ese que se sentaba atrás de todo en el colegio, al que no le importaba nada. Ese al que mi vieja puteaba, putea y, creo, seguirá puteando. Pero, paren, venir para este lado del río, me hizo evolucionar, cambiar en muchas cosas. Ya no soy ese pibe lleno de miedo que vino a vivir a una pensión en Buenos Aires, que creía en todo lo que le decían, que a veces callaba, que era políticamente correcto. No ya no. Aprendí a vivir lejos de los que quiero, a pelear en cada góndola, a aplicar la economía de guerra. Cuando empecé la carrera de periodismo nunca pensé en la plata, tengo claro que no voy a ser portador de fortunas, salvo que me saque el Quini, sé que voy a ganar más monedas que billetes, si lo sé, y realmente no me importa. Porque yo elegí esto, y lo sigo eligiendo, porque cada persona que lee lo que escribo y me dice algo bueno, me alegra y me convence, aún más, que este es el camino, que va a ser duro pero que es por acá. Quizá me equivoque, no sé, el tiempo dirá...
Veo los bares llenos y me alegra. Me alegra que la gente se mire, se escuche, se ría y que esas sonrisas queden dibujadas en sus caras por unos segundos. A pesar de mis flaquezas económicas, de vez en cuando me doy un gustito y me siento en un bar, no importa en cual, no tengo uno fijo. Siempre elijo mi mesa pegadita a la ventana, sino hay en ese sector, doy media vuelta y me voy. De qué sirve sentarse a tomar un café, y no poder ver la calle, la gente que corre el colectivo, la viejita que deja la vida en cada paso que da, y todo eso que la gran urbe nos brinda.
Ya con el café en mi mesa, empiezo a meterle azúcar, uno, dos, y cuando vengo amargado le meto hasta tres sobrecitos. Voy revolviendo con la cuchara, pienso, mientras me llega el humo del cigarrillo del viejo de al lado, que lo sostiene con sus uñas amarillas, y lo besa con bigotes canosos. De golpe, miro por la ventana, y veo a cinco chicos que venían de la escuela, con sus enormes mochilas, esas que compran las madres, en la que se puede meter hasta un perro. Los miré, como venía contando, y esa imagen me hizo acordar a mi infancia; volví a patear piedras, simulando una pelota de fútbol, volví al raspón en la rodilla, ese que te curaban con alcohol, volví a tener las zapatillas agujereadas, volví a pelear con mis hermanos, volví a llorar por nada y a reír por todo.
Los chicos siguieron caminando, casi no los veía desde mi lugar, me dio ganas de correrlos para decirles que disfruten cada momento, que no todo es tan fácil como te dicen, que jugar al fútbol con amigos es lo más lindo que existe, y avisarles que después la vida te da un traje que aprieta por todos lados, que exige dejar de lado la risa por la seriedad, que para ser hay que tener, que la amistad no es tan pura como a esa edad. Quizá es un mensaje poco optimista, pero bueno en ese momento quería decirles eso.
Después de todo esto, decidí que mi estadía en aquel bar había concluido, levante mi mano, marcándole al mozo mi retirada, y esperando la cuenta leí una frase en el sobre de azúcar que decía lo siguiente: “Las pasiones se esfuman con la edad”, ¿será cierto?
Me encontraba en la cama, en ese momento en que no te podés dormir y empezás a pensar, en no sé qué pero pensas y pensas. De tanto pensar se me ocurrió pensar que lindo sería que a mi departamento no se le rompa el techo del baño, que los caños de la cocina no pierdan agua, o que las luces no hagan cortocircuito. Que lindo sería que no llegaran las expensas, el ABL, la luz, el gas, el agua, que el portero, afiliado al partido "Mala Onda", le llegue una oferta irrechazable y se vaya a vivir a Tangamandapio. Que lindo sería comprarme un perro y ponerle de nombre Roberto,que los colectivos se vayan de vacaciones a la costa, que la chica del subte, cansada de su trabajo, renuncie y le rompa toda la oficina a su jefe. Que lindo sería que los estudiantes despierten con sus títulos debajo de sus almohadas, que los que no tienen perseverancia la puedan comprar en un kiosco, que no enseñen matemáticas en las escuelas, que los profesores "cancheros" desaparezcan del planeta tierra.Que lindo sería parar, en plena Nueve de Julio, un taxi y decirle al chofer:"Señor, siga a ese auto". Que lindo sería que se corte Internet por unos días y todos nos digamos las cosas cara a cara, que los chicos vuelvan a jugar en la calle, que nos devuelvan la noche, que el verano nos devuelva el río...
Con lágrimas en los ojos te escribo, quizá esperé mucho tiempo para hacerlo, pero hoy debo informarte las nuevas medidas aunque me duela. Muchos años de amistad nos unieron, me acuerdo cuando me obligaban a dormir la siesta y yo no quería, vos me entendiste, yo también lo hice. A partir de allí forjamos un camino largo, extenso, en el que logramos ser uno solo. Nuestra relación podría denominarse "enfermiza" en la que ninguno de los dos podía vivir sin el otro, por estar tanto tiempo con vos pase momentos malos, los cuáles finalizaron con pésimos rendimientos escolares. Como toda pareja logramos salir adelante, luchando día a día para mantenernos unidos. Pensé en cambiarte por una cama de clavos, para dejar atrás este nefasto hábito que se denomina dormir. Luego decidí no hacerlo porque obviamente le iba a encontrar la vuelta y los clavos no me iban hacer nada bien.Todo me llevó a pensar que mi batería estaba fallada, como cuando pones a cargar tu celular toda la noche y después al otro día te pone batería baja. Bueno así me sentía yo luego de dormir varias horas. Ay, se me juntan tantas cosas lindas que se me hace muy difícil llevar adelante esta separación. Los inviernos compartidos, las siestas eternas después del colegio, los programas de tele que vimos juntos, horas y horas de sueño. Pero llega un momento que la cabeza te hace "click", y te das cuenta que todavía no existen las carreras relacionadas con el sueño o con ser "catador" de colchones, es decir, esto de dormir no tiene salida laboral. Por todo esto decidí distanciarme de vos, aunque nos duela será lo mejor para ambos. Un amigo me dijo una vez: "Como voy a dormir cuando me muera", y tenía razón ya va a ver tiempo para eso.
Recién llegado al mundo, su madre y su padre decidieron que su nombre sería Hambre. Cuando a los padres les preguntaban porque lo habían llamado así al niño; ellos contestaban que era el nombre del futuro en este país. Hambre vivía en una villa junto a sus seis hermanitos. Él era el mayor y tenía que salir a buscar cartones con su padre para conseguir algo de dinero. Con doce años de ser hambre, empezó a preguntarse si alguien más se llamaba Hambre. Por las noches deambulaba preguntando a todos los que veía como se llamaban. Caminaba y caminaba, empezó a darse cuenta que él no era especial, que sus padres no eran los pioneros en colocar ese nombre a un chico. En las esquinas había miles de niños llamados hambre, en las plazas también muchos se llamaban hambre, en los subtes muchos hambres trabajaban, en las escaleras de los ministerios muchos hambres dormían, en los semáforos muchos hambres jugaban a limpiar autos, algunos hambres robaban segados por el hambre, otros hambres tapaban sus nombres con bolsitas de pegamento. Los hambres no tenían familia, ni casa, ni ropa nueva, los hambres morían de hambre, nacían para tener solo hambre.
Pasado un tiempo Hambre decidió cambiar su nombre. Al llegar al Registro Civil vio una multitud de hambres con su misma intención. Las puertas nunca se abrieron, un delegado del Registro les comunicó que no habría cambio para nadie. Hambre y los demás todavía quieren dejar de ser Hambre.
A continuación voy a escribir uno de los recuerdos más tristes que tengo en mi cabeza. Quizá hoy lo puedo tomar con humor pero cuando era chico no fue así. De pequeño, no me gustaba para nada concurrir al colegio, ese temita de levantarse temprano no era para mí. Yo estaba en "salita de cinco", como se decía en mi colegio, primer día de clases, lleno de esperanzas, ilusiones, a un paso del "deseado" pero a la vez "temido" primer grado. Cada compañero llevaba un paquete de galletitas, yo era el que llevaba las que no quería nadie, por eso, siempre me daban las húmedas, las de abajo de la lata, las que tienen cien años ahí adentro. Algo que sí me gustaba de ir a la escuela era comprar los útiles, era lo mejor, lo más lindo, después se me rompían todas las cosas y todo lo comprado dejaba de ser todo eso. Cuestión, con todas las cositas nuevas, cumpliendo con la lista que nos habían pedido a raja tabla, apareció la nueva profesora. Anoten, no se olviden de su nombre, se presentó como la señorita María Rosa. Me siguen, fundamental recordarlo. Ella comenzó su discurso de primer día, ese en el que te quieren meter miedo, pero a la vez hacerte creer que iba a ser todo lindo. Siguió hablando, hablando, hasta que pidió un cuaderno, justo, dio la casualidad que yo estaba enfrente de ella y tuve que darle el mío. No me olvido más ese momento, es como si hubiése sido en cámara lenta y sin sonido. Mi hermoso cuaderno estaba forrado con dibujos de las tortugas ninjas, en esos años un boom. Mostró mi cuaderno a todos mis compañeros, lo abrió, se fijó que se viera bien la tapa y la contratapa, imaginense mi estado de orgullo, me sentía el mejor, todos miraban maravillados. Pero ese momentito fue efímero, se me escapó en un segundo, un chico de cinco años no esta preparado para eso, defintivamente no. Luego de pasear a las tortugas ninjas, frenó y dijo: "Bueno, ¿lo vieron bien?- todos gritaron al unísono que sí- así no era lo que yo pedí", rompió el forro con toda la furia, hizo un bollo y tiró el papél a la basura. Hagan de cuenta que me tiró a mí también, fue un golpe al alma. Lo que quería la "señorita María Rosa", era que todos los cuadernos estén forrados iguales con papél afiche celeste. Encima, para finalizar, uno de mis compañeros agarró el bollo de papél y se lo quería llevar a su casa. Hoy, me acuerdo y me rio pero en ese momento la pase muy mal, a tal punto que todavía lo recuerdo. Un cuaderno y un dolor.
Página en construcción. Falto de ideas, falto de ganas, falto de todo un poco. Ya vendrán tiempos mejores, diría un optimista. Quiero escribir pero mí teclado se rehúsa, luego de largas horas de debate y charlas entre el y yo, decidimos hacer este breve anuncio: Estamos trabajando, disculpe las molestias ocasionadas.