El vagabundo que está llamando a tu puerta tiene puestas las ropas que tú llevaste una vez. Colaboraciones alias: fedepits
Cosas estúpidas
Y puedo escribir cursilerías, baratas, estúpidas, de corazones recortados, de plazas vacías de invierno, de chicos que vienen de la escuela. Cuantas estupideces puedo escribir, sin que a nadie le importe, porque son meras estupideces, y todo termina olvidado en un archivo de Word, que después voy a releer y borrar, o dejarlo, ahí, suspendido en el espacio. Convenciéndome de que algún día de estos, me agarra un ataque de creatividad y lo termino. Se puede tener seis meses grises, después es tiempo de volver a color, así, como me gusta, sin más. Y darle la espalda. Puedo escribir historias, que siempre recuerdo, que me siguen sin pudor, en ese dialogo que se establece por las noches. Puedo responder miles de preguntas, y hacerme el boludo, porque si me conoces, a mí, claro, nunca me gusta decir todo, soy así de jodido, un tipo realmente complejo. O mejor dicho, un boludo importante. Que siempre pago los impuestos tarde y espero atrás de la línea amarilla, que la gorda que atiende, se rasque las tetas y me llame. Puedo contarte que siempre abandono todo, así, muy suelto, me tiro siempre a la banquina. Que en Buenos Aires, ya viví en tres barrios distintos, porque a mí, te cuento, me encanta el turismo; nada tiene que ver en esto, el alquiler, las expensas, las garantías, los meses adelantados que hay que poner. No, a mi me encanta mudarme, es así. También es para cambiar de línea de colectivo. Te puedo contar que siempre pierdo el hilo de las conversaciones porque estoy pensando en otras cosas. Y te hago el gestito, así, como que entiendo todo, pero en realidad no sé de qué hablas. Te cuento que fui un futbolista, formidable, elegante, gambeteador, encarador, y no sé cuantas cosas más, en los sueños. Soy de escorpión, sí, sé qué lo estás pensando, un hijo de puta. Puedo escribir de cosas trilladas, de sueños frustrados, pasiones inútiles, pavadas, cursilerías, baratas, estúpidas, así, de corazones recortados. Te cuento que no retengo las claves de la tarjeta de débito, y claro, cuando le erras varias veces, así todo muy progresista, te anulan la tarjeta, y te invitan al banco a pedir una nueva clave y fumarte una cola, de esas que sirven para replantearse la vida. Suelo desilusionar a la gente, que va a ser, no siempre se puede cumplir con las expectativas de todos. Eso me dijo el chofer de un colectivo, cuando llegaba dos horas tarde al parador de San Nicolás, y fue tan audaz su respuesta, que ahora la uso yo. Te cuento que la vida se va entrelazando por pequeñas estupideces, así como todas las que puse arriba, que, ojo, sumadas hacen la revolución. Y puedo escribir cursilerías, baratas, estúpidas, de corazones recortados, de plazas vacías de invierno, de chicos que vienen de la escuela.
Como ser un gran escritor
Tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y/o los nuevos talentos
sólo toma cerveza más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
aprender a ganar es difícil,
cualquier patán puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
no te exijas.
duerme hasta el mediodía.
evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
Más que
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura
quédate con la cerveza
la cerveza es continua sangre.
una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa
dale duro.
hace como el toro en la primera embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievsky, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay
está bien
igual.
Bukowsky.
bellas mujeres
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y/o los nuevos talentos
sólo toma cerveza más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
aprender a ganar es difícil,
cualquier patán puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
no te exijas.
duerme hasta el mediodía.
evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
Más que
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura
quédate con la cerveza
la cerveza es continua sangre.
una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa
dale duro.
hace como el toro en la primera embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievsky, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay
está bien
igual.
Bukowsky.
El último vaso
Y si repetimos la canción, me decía el otro día. Ya no escribo nada, nada de nada, es más no sé si esto ya lo escribí. Tanto borrar, tanto, tanto punto y aparte. Busco, como el borracho, llegar airoso al último vaso. Aunque el borracho sabe que nunca va a llegar al último vaso. Pido siempre cinco minutos más, en la mañana helada. Una habitación oscura, ahí en medio de la nada, un mosquito que merodea. Un mosquito que merodea, ahí en el medio de la nada, de una habitación oscura. Y cuando poner el punto y aparte, sin puntos suspensivos. Abrir las tres llaves, sentarse en el cordón, a esperar el día, que viene con retardo, que viene de gira, sin un zapato. Y volver siempre volver, estando siempre devuelta, con la mirada pérdida en otras cosas. Y repetir la canción, escucharla caminando, con el tipito cantándote en la oreja, mordiendo una tapa de lapicera por el camino, por ahí, girando en falso. Muy lindos tus zapatitos, linda, muy lindos. Se cruzan los fundamentalistas del ombliguísmo y se saludan, se mandan cariños para sus familias. Todo con la mirada bajita, bien bajita, y siguen predicando. El borracho pide la última ronda, pero en realidad el mozo no le entendió bien, quiso decir la anteúltima, sin duda, dice el borracho, no me escuchó bien, se convence, se cree que dijo la anteúltima. Y perdí el hilo, perdí una idea en el camino, dejé algo brillante atrás, y se transformó en otra cosa, se convirtió en esto. Sin dudas perdí lo brillante que había escrito en mi cabeza, en varios párrafos, en varios tomos, con un mensaje directo, al hueso. Tanta coma, tanta subordinada, atascando el camino. El borracho mira por la ventana, ya falta poco para que termine el día, y todo vuelva a ser lo mismo cuando el sol ocupe su habitación. Y siga esa rueda que no quiere seguir pero no le queda otra que subirse, en busca del olvido. Muy lindo todo, muy lindo. Pero que hacemos, me pregunto. Cuantas combinaciones hay que hacer. Cuantas lapiceras hay que tirar. A veces tengo tanto para decir, y muchas veces, digo pero no digo nada, doy vuelta sobre lugares comunes. Escudándome, para no quedar a la intemperie. El borracho escribe en la pared, escribe, lo que más le duele haber perdido, perdió mucho, perdió todo, pero eso le duele, y sueña con que su mensaje llegue a destino, y todo, todo vuelva a ser como antes, volver, cerrando los ojos, a lo que era, a lo que fue, y dejar la mesa de esa esquina; el escribe en esa pared, para sí mismo, para perdonarse, para que lo perdonen, y no da vueltas, no da vueltas, escribe directo, no le tiembla el pulso, escribe, a pesar de su borrachera, escribe su mensaje con lucidez. Porque perdió lo más lucido que había hecho en toda su vida. El borracho escribe: “Paula papá te ama”, y pide el último vaso…
Soler

Pasan cosas grosas a la noche, grosas, grosas, es un decir, pero convengamos que sí, que pasan cosas grosas. Entre planteos morales, y enumerar lo que voy hacer al otro día, me acordé, no sé por qué, de un albañil que laburaba en casa cuando yo era pibe. El apellido de él era Soler. Creo –quizá es una generalización errónea- que era la única persona en este planeta capaz de bajarse un vaso de soda recién servido y que no se le cayera una lágrima. La tomaba de un saque, y nada che, no lloraba, no sé como hacía. La cuestión es que un día le hice una fea a Soler. Yo era un pibe, boludeaba, lo hice sin maldad. Mi hermano, después de muchos años, lo encontró en un natatorio, y dice que se acordaba de esta anécdota y se reía. Asique, no es nada grave. No me olvido más, Soler, nos juntó a mi hermano y a mí, y nos dijo que iba a cambiar una lamparita pero que no iba a cortar la luz. La lamparita que iba a cambiar era de una escalera, o sea, tenía para prender arriba y al final de la misma. Cuestión, que él se dispone a cambiar la lamparita, yo estaba abajo mirando como lo hacía. Y fue un instante, se me dibujo una sonrisa en la cara, y apreté la perilla para prender la luz. Ja, no me olvido más. Pobre Soler no le daba el cuerpo para putearme, apagaaaa me gritaba. Lo dejé pegado como tres minutos, y después reaccioné y apreté la perilla devuelta. Me acuerdo que me enoje, encima, si un cara dura, por cómo me había gritado. Yo pensaba que no había hecho nada malo. En fin, te cuento esto porque la boluda del tercero me despertó, con su caminata en taco aguja por toda su habitación. Deben ser hermoso esos zapatitos, pero no da amor, no da.
Ráfagas de metralletas
Qué se escribirá de este tiempo. Ráfagas de metralletas, aguas divididas, cruces de palabras, marcadas a fuego. Tomos y tomos, hablaran de la traición de Cobos. Y yo, ya gordo, viejo y pelado, explicándole a mis hijos lo que fue, lo que pasó, desplegando todo lo retenido en la retina, sin contar todo; todo eso que no sucedió, le agregaría misterio, suspenso, matices, deidades, puras y duras. De mis días en Buenos Aires, caminando por plaza de mayo, a la noche. En esos días que la pensión era helada y extrañaba horrores mi casa, mis amigos. Esos días que te invitaba a tomar un helado. Las escaleras de la redacción de la facultad. Las porquerías que escribí, flojas, flojitas de papeles. Y este blog, que seguro no existirá más. Todo se perderá en la virtualidad, como las fotos, las canciones. Contaré, mi compromiso, mi búsqueda de tierra firme, mis mesas de examen encima. Y seguro, ya gordo, viejo y pelado, me haré republicano, conservador, y le pediré a mis hijos que no tomen las escuelas, que respeten las instituciones y a la vecina del barrio. Y les daré mis libros, ya amarillos, viejitos, con olor, para que los lean, y en la primera página estará mi firma y el año en que los compré.
Y qué contestaré cuando se escriban tomos y tomos de esta época. ¡Qué cuestión! De soledades, de miedos, de alegría. De esa mañana, de octubre, mirando la tele, en la que envejecí diez años. De chocar con la pobreza, de dejar de comer, y dar monedas en cada esquina. Y seguro, ya no me acordaré los nombres de mis compañeros de escuela, de facultad, de canchas de fútbol, de tu cara. Seguro, dejaré mis vanidades de lado, dejaré atrás la radicalidad, la avanzada. No tendré nada que ver, ya con asambleas, reuniones. Y estaré también en contra de la revolución francesa. Y no compartiré la vuelta con gente extraña, que traigan bajo el brazo las frustraciones del día, y sus miradas, y sus circunstancias, y mi mirada, y mi circunstancia. Se escribirá de odios, frustraciones, pasiones, rupturas, lockout, silencios, amores, fanatismos. Y yo anotaré los mandados en papelitos, para no olvidarme de los cumpleaños, de las cosas del supermercado. Recordaré esta época con una sonrisa en el ojal, y el ruido de la puerta del colectivo de retiro.
Extrañaré las noches porteñas, el anonimato, el lado oscuro de la calle. Las noches de insomnio, anotando pavadas, leyendo artículos. Escribiré sobre los cambios culturales, la disputa del sentido, la caída de paradigmas, abordaré todos los campos epistemológicos que pueda, y mentiré, falsearé, y diré la verdad. Me juntaré a charlar de nuestros años, de las tecnologías enterradas, de los payadores falsamente perseguidos. Qué se escribirá de esta época, no lo sé, algunos hablarán de alegría, otros de tristeza, yo seguro, seguro, hablaré de felicidad…
¿Para qué están los medios de comunicación?
Seguimos con Beatriz Sarlo. La semana pasada, la ensayista y crítica literaria afirmó en su participación en 678 que la influencia de los medios en la sociedad había dejado de estudiarse cuarenta años atrás. Al calor de la discusión en terreno enemigo, es probable que la académica se haya envalentonado y en un exceso de portación de apellido puede haber esgrimido tal falacia.
En primer lugar, la influencia de los medios en la sociedad nunca ha dejado de estudiarse, porque los medios siguen siendo consumidos por los integrantes del tejido social. En segundo lugar, si lo que quiso decir es que los medios ya no tienen influencia en los individuos, estamos ante un error grande como una cadena televisiva, para usar una comparación acorde.
Si los medios no influyen en sus consumidores, ¿para qué se invierten entonces millones y millones en mejorar y garantizar la llegada de infinidad de medios de comunicación?
Por supuesto que la relación entre los medios de comunicación y sus usuarios no se estudia de la misma manera que cuarenta años atrás. Ni los medios ni los usuarios son los mismos. Cuarenta años atrás podía trabajarse con la idea de la manipulación porque los medios eran verticalistas y no había nada que rompiera esa verticalidad. Sólo existía la TV abierta, las radios AM, diarios y revistas y el cine. Hoy hay muchos medios que incorporan la interactividad, desde el viejo vhs hasta el moderno reproductor de discos blu ray. Ni hablar de internet que no sólo es interactivo, democrático sino que es horizontal.
El consumo de los medios ha variado, pero no la influencia que tiene en la sociedad. Que es diferente nadie lo duda, pero que la influencia y el poder continúan, es indiscutible.
Desde el principio de los tiempos, cuando aparecieron los primeros periódicos, el público comenzó a enterarse de cosas que excedían la experiencia inmediata y cotidiana. Es decir, el consumidor de los primeros medios se enteraba de cosas que no podía enterarse a través de su experiencia directa. Y eso no ha cambiado. Esa es la esencia de los medios, incorporar aquello que por nuestra calidad de seres situados en un solo tiempo y lugar a la vez no podemos incorporar. Seguramente no hayamos viajado jamás a Egipto, por poner un ejemplo lejano, pero sabemos qué son y cómo son las pirámides. Y eso nos llega por películas, fotos, documentales, relatos y demás medios. Conocemos infinidad de cosas a través de la acción de lo mediático. Excedemos los límites de nuestro propio cuerpo por la influencia de los medios. Si elimináramos esa influencia, estaríamos limitados a nuestro conocimiento directo de las cosas. Y limitados en serio.
Lo que ha cambiado desde hace cuarenta años hasta ahora es la variedad de los medios con que nos relacionamos con el mundo. Ahora tenemos a nuestra disposición la posibilidad de cotejar la información, de completar, de elegir sentados cómodamente ante nuestro ordenador. Pero seguimos atados a ellos para conformar nuestra realidad, o mejor dicho, para completarla y ampliarla.
Sigue acá
En primer lugar, la influencia de los medios en la sociedad nunca ha dejado de estudiarse, porque los medios siguen siendo consumidos por los integrantes del tejido social. En segundo lugar, si lo que quiso decir es que los medios ya no tienen influencia en los individuos, estamos ante un error grande como una cadena televisiva, para usar una comparación acorde.
Si los medios no influyen en sus consumidores, ¿para qué se invierten entonces millones y millones en mejorar y garantizar la llegada de infinidad de medios de comunicación?
Por supuesto que la relación entre los medios de comunicación y sus usuarios no se estudia de la misma manera que cuarenta años atrás. Ni los medios ni los usuarios son los mismos. Cuarenta años atrás podía trabajarse con la idea de la manipulación porque los medios eran verticalistas y no había nada que rompiera esa verticalidad. Sólo existía la TV abierta, las radios AM, diarios y revistas y el cine. Hoy hay muchos medios que incorporan la interactividad, desde el viejo vhs hasta el moderno reproductor de discos blu ray. Ni hablar de internet que no sólo es interactivo, democrático sino que es horizontal.
El consumo de los medios ha variado, pero no la influencia que tiene en la sociedad. Que es diferente nadie lo duda, pero que la influencia y el poder continúan, es indiscutible.
Desde el principio de los tiempos, cuando aparecieron los primeros periódicos, el público comenzó a enterarse de cosas que excedían la experiencia inmediata y cotidiana. Es decir, el consumidor de los primeros medios se enteraba de cosas que no podía enterarse a través de su experiencia directa. Y eso no ha cambiado. Esa es la esencia de los medios, incorporar aquello que por nuestra calidad de seres situados en un solo tiempo y lugar a la vez no podemos incorporar. Seguramente no hayamos viajado jamás a Egipto, por poner un ejemplo lejano, pero sabemos qué son y cómo son las pirámides. Y eso nos llega por películas, fotos, documentales, relatos y demás medios. Conocemos infinidad de cosas a través de la acción de lo mediático. Excedemos los límites de nuestro propio cuerpo por la influencia de los medios. Si elimináramos esa influencia, estaríamos limitados a nuestro conocimiento directo de las cosas. Y limitados en serio.
Lo que ha cambiado desde hace cuarenta años hasta ahora es la variedad de los medios con que nos relacionamos con el mundo. Ahora tenemos a nuestra disposición la posibilidad de cotejar la información, de completar, de elegir sentados cómodamente ante nuestro ordenador. Pero seguimos atados a ellos para conformar nuestra realidad, o mejor dicho, para completarla y ampliarla.
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Una sola cosa
Cabe destacar que yo soy marplatense, pero no ejerzo. Es decir, nací ahí, solo para joderles las vacaciones a mis viejos. Después, viví un tiempo en Santa Fe, y pase toda mi infancia en San Nicolás, (Aclaración: no es un pueblo, tiene autos, casi no quedan calles de tierra, tiene semáforos, tiene supermercados, también llegaron los supermercados chinos, es decir, que apostamos al intercambio cultural con Asia, hay luz eléctrica, hay chicas muy lindas, hay escuelas, una universidad, se pagan las cosas con billetes, y algunos todavía usamos las monedas, hay colectivos, etc.) aclaro esto porque muchos de capital creen que viven dos personas y que todavía pasa el lechero. Ay, portuarios. Existe algo más allá de sus ombligos. Nada más.
Señor, este blog está muuuy politizado
Señor, este blog está muuuy politizado. Qué va a ser, yo quería ser profesor de matemáticas, pero bueno los números nunca me cerraron. Siempre quise completar tu álbum. No pude, ja. Nunca llene una alcancía, siempre, siempre, la rompí para ver cuánto tenía. Sí, la curiosidad mata al hombre. El mundo sigue. La gente paga sus impuestos en la ventanilla y esperan atrás de la línea amarilla, la calesita de la esquina sigue girando, aunque el caballo ya se jubila, le quedan seis meses, hay que dejarle lugar a los jóvenes, dice. Las chicas se besan entre ellas, y se arma un comité de viejitas, que están en contra de la revolución francesa, se llevan las manos a la boca, mirando aterradas, qué país, por favor. En la ventanilla, en retiro, dejé todos los papeles que me quedaban, que va a ser me dijo la vendedora, aumento el lunes. Y que va ser, mi amor. Me gustaría tener el 2011 de Fausto, pero no me quejo, eh. Ya no me robo el diario, ahora lo pido, que educado, señor, eso me enseño este mundo hermoso. El mundo sigue. Los pibes juegan a las escondidas, saltan la soga. Por el centro todos conocen la historia. Y el tiempo se vuelve instante, y ahí la cosa se pone densa, tensa. Nos atomiza. Señor, este blog está muuuuuuy politizado. Qué va a ser, yo quería ser rockero, pero nunca, nunca me cerraron los números. No pude ser abanderado en la escuela, ja. Nunca pude meter un gol olímpico, siempre, siempre, la tiré afuera. El mundo sigue. Los bares sirven café y medialunas viejas, todavía cobran la leche con IVA, qué país, por favor. Dos pibes punks pasan con los pelos teñidos, y vuelve el comité de viejitas, que están en contra de la revolución francesa, se llevan las manos a la boca, mirando aterradas, qué país, por favor. El traje barato que me compré ya no me queda, que va a ser. Este blog está muuuuuuuy politizado, y las viejitas, que están en contra de la revolución francesa, pusieron un local, para tratar todos sus temas. Están muuuuuuy politizadas…
Simple

Hace unos días, venía como siempre arriba del 12, no sé que venía escuchando en el mp4, si la radio o música. Yo llegaba tarde a mi destino, apurado miraba las ajugas del reloj del celular (agujas, agujas, no tiene pero bueno) y cuando el colectivo doblo en la avenida Montes de Oca, se subieron unos chiquitos que salían de la escuela. Uno al principio se sentó a mi lado, pero después se paro y se fue a sentar junto con otro compañero. Empezaron a charlar, cuando uno es chico, le gusta hablar fuerte para que escuche todo el mundo, no es que yo pare la oreja, porque piensen que yo venía con el mp4 y los escuche. Bueno, me saqué los auriculares y me dispuse a escuchar la conversación.
-Mañana, mañana es –Grita uno, con sonrisa de oreja a oreja-
-No, que va a ser mañana, no viste lo que dijo la seño –Lo mira y se vuelve a reír-
-Es mañana, vas a ver. Mi mamá me dijo.
Entra otro nene a la discusión.
-Me parece que es el jueves –Los mira dubitativo.
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El resto ya lo dijo Lucas

Es realmente interesante lo que sucede –en estos momentos- en España. Resulta, quizá, algo complejo explicar este fenómeno sin darle un contexto. El movimiento 15-M (15 de mayo), se conformó con las prácticas de asambleas vecinales en el centro de Madrid, la mayoría de las personas que concurrían eran desocupadas. A través de las redes sociales fueron aumentando el número de concurrentes. Existe, cierto parecido con los casos de manifestaciones masivas en Egipto, Libia, etc. Estas asambleas vecinales, que están reunidas bajo el nombre: “Democracia Real ya”, tiene también semejanza a las asambleas vecinales que se produjeron en la Argentina en el 2001, las cuáles se unificaban bajo el lema: “Que se vayan todos”. Lo que caracteriza a estas asambleas vecinales - que surgen de manera espontánea- es que su organización no sigue líneas de subordinaciones jerárquicas, sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro. Tiene, en fin, el valor de anular las jerarquías. Como el rizoma no tiene centro, porque se ramifica en múltiples direcciones, quita la posibilidad de la existencia de la verticalidad. Aquí radica su frescura, y también su principal inconveniente para perdurar luego de conquistado el objetivo.
Cuando Néstor Kirchner, asumió a la presidencia y el país logró cierta estabilidad, las asambleas vecinales se disolvieron. Conquistado el objetivo, volvieron a sus casas. Este es quizá el principal temor de muchos de los manifestantes españoles. Conquistar el objetivo, que el movimiento deje de ser guardián de lo conseguido y todo caiga en saco roto. Cabe destacar, que España posee cinco millones de desocupados, alrededor del 20% da la población activa. Sufre los mayores recortes a nivel social de toda su historia (derechos laborales, jubilaciones). Y su principal problema radica en la ausencia de créditos por parte de entidades financieras (si hubiera crédito se reactivaría la economía). El principal factor de la crisis es el haber utilizado dinero público para salvar a los bancos. Con esto, la tijera cayó en los recortes sociales.
Una de las peticiones del grupo es una reforma electoral que permita que el voto de cada persona tenga el mismo valor. Actualmente, el voto cuenta en función de la región. Exigen que asuntos sociales, como el empleo, la salud, la cultura, la educación, vuelvan a formar parte de la agenda política.
En cuanto a los medios de comunicación, resulta claramente notoria la posición que tienen ante estas peticiones. No cubren la movilización en demasía y aunque no es el flanco principal de los jóvenes un cartel expresa: "Televisión, manipulación", y el resto ya lo dijo lucas.
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U n día, muy temprano a la mañana, estaba cursando la materia de matemáticas del CBC de la Universidad de Buenos Aires. La clase ...