Cien para el aire

Voy caminando por los barrios.

Los perros chupan las rejas

Se lamen las patas

Saltan

A lo lejos,

Allá, bien allá

Veo un cielo rosado, casi púrpura.

Me gustaría ir hacía él

Completamente borracho

Y llegar arrodillado

Para ver como mi corazón negocia

La entrega de sus muertos.


Idiotas

Intento destrozar el cerco de flores que rodea mi corazón

Idiotas.

Me siento, le tiro vino, lo pateo.

Me arrepiento.

Idiotas, idiotas, idiotas.

Que andan en la vida predicando

Sé reconstruir cada mañana

Ese cerco. Ese espacio en dónde las lágrimas. Las paredes que construí alguna vez. Valen como una

caricia

Que no termina nunca. Que no tiene rumbo. Que baja.

 Idiotas: nunca les voy a vender mis flores muertas!

Barba de viejo

                                                                                                   Para Alan Ricciuti:

Tuvimos que esperar un día para encontrar la piedra:

Gigante, perdida, camuflada, entre restos de vidrios.

Las nubes bajaron por el cerro

Como esos pájaros que se resisten a volar solos

Las piernas dobladas

La espalda erguida como un palo anestesiado.

Alan me pasa el Cinzano y un cigarrillo

Logro escaparme, logro ver nuestra imagen:

Alan sonríe y yo miro la piedra

Veo nuestra amistad ahí creciendo como una barba de viejo

Sobre las ramas, los troncos, las plantas secas

Al sol al sol al sol al sol

Funcionando como un termómetro de pureza.




Membranas

Por Federico Pita
federicopita@edicionnacional.com

Pubicado en Edición Nacional 30-10-2013


Nadie nos va a raspar los talones del vuelo. Con las manos llenas, de aire, mirábamos por la terraza, con los ojos en modo lento. Las macetas, de plástico, con el verde y el naranja, las membranas del corazón, capas y capas. 
Hay grietas.
Varias grietas.
De subsuelo.
De playa de estacionamiento.
De líneas, de columnas, de silencio húmedo.
Nadie nos va a raspar las ganas de ser geniales. Era un peso, irremontable, cuando te miro la parte de atrás, el descuido. De espaldas, a los días, de espaldas, somos todo lo que no queremos mostrar. Somos el descuido. De espaldas.
Con las manos hundidas en manteca.
Manteca, manteca, manteca.
Que se cae por las grietas.
El subsuelo, de la playa
De estacionamiento.
Somos geniales.
Nadie nos va a raspar el desamparo, ese toldo de chapa,cagado a golpes, por piedras, por ramas, por la vida.
Manteca, manteca, manteca.
Con los talones hundidos, en lo que fue, en lo que podría, haber, sido. O solo, dos pies hundidos, en barro, en cal, en arena, en una membrana,de corazón. Absorbe, manteca.
Los cables, que eran ríos, desde la terraza, las ratas que corrían por los ríos de cables, el descanso de la calle, el subsuelo, una esperanza roja, como un hombrecito, enjaulado,para siempre, con la ropa roja, para siempre.
Nadie nos raspó los talones, los desgastamos, con las piedras, del cemento, del cordoncito, el suave andar.Nos enfrentamos, nos gastamos los pies, nos enfrentamos al ejército.
Caímos.
Con los talones intactos.
Con menos membranas.  

A nadie le importa lo que digas Tu casa ahora está a oscuras  Las cosas cambian,  Se modifican. La construcción mental que te mantenía en ca...