Estoy sin trabajo

Cuando estoy paralizado veo mejor las cosas

Estoy sin trabajo

El diario donde trabajaba cerro

Ahora tengo tiempo para mirar las flores

Y caminar sin apuro por Buenos Aires



Ah

Voy a recuperarte.

Voy a subir

Escalón por escalón

Voy a llegar

Casi arrodillado

Con mi mochila

Repleta de flores

Y botellas de miel

Barfly 1987



SINOPSIS Henry Chinaski es un escritor alcohólico y genial que se pasa la vida en los bares. Su preferido es el "Golden Horn", frecuentado por un variopinto grupo de vagabundos, prostitutas y otros desechos de la sociedad. Henry se lleva muy bien con Jim, el barman de día, pero discute frecuentemente con Eddie, el barman de noche, un hombre iracundo y fanfarrón. Sus peleas son objeto de apuestas por parte de los clientes. Cuando Henry gana, gasta su dinero recorriendo los demás bares del barrio. Así es cómo conoce a Wanda, una mujer todavía bella y tan alcohólica como él. (FILMAFFINITY)

Alma blanca


Hoy me levanté y mi piel estaba muy blanca. Tan blanca que tuve que mirar varias veces en el espejo para reconocerme. Y lo confirmé… ERA YO. Mis ojos, el hueco de mis ojos, las ojeras, las pestañas, mi boca, mi nariz: era yo. Pero mi piel es tan blanca que pareciera el resultado de algo inconcluso, algo dejado a medias. Me gusta pensar que un niño pintó mi cabello, mi boca, mis cachetes rosados, pero que, cuando tenía que pintar mi piel, se aburrió y me dejó así. Capaz que no tenía más colores en su mesa y no quiso repetir. O pensó: el blanco es mentiroso, parece débil pero tiene fortaleza, tiene algo escondido en su centro. Porque siempre lo que parece débil tiene una bomba de fortaleza enchufada. Eso sí, nunca se sabe cuándo va a explotar. Y así estaba yo mirándome como si fuera una belleza, confirmando mi identidad en el espejo del baño. Nosotros, a diferencia de los animales, tenemos la capacidad de desdoblar el espacio real del imaginario. Los niños se constituyen cuando logran verse en el espejo y después confirman la identidad viendo en los areneros a otros enanitos, que se escaparon de esa prisión helada que es el espejo.

Fui a la cocina y puse agua para el mate y encendí un cigarrillo con la hornalla. Mi madre solía hacer eso porque nunca encontraba la caja de los fósforos y siempre perdía los encendedores. Volví al baño y de refilón vi a otra mujer. Ya no soy la modelo de hace cinco minutos. Ahora soy una pobre mina con cara de enferma y con un cigarrillo en la mano. Cómo puede pasar eso. Cómo me puedo mentir a mí misma tan fácil. Porque acá alguien miente. Tendría que encontrar un punto medio, el equilibrio de los tibetanos, diría. Pero la autoestima es como el mar; un día con la bandera mansa otro con la bandera picada y así.  

Fumo y me miro

Me miro con un ojo cerrado

Después con los dos abiertos

No soy una modelo y tampoco

La asquerosidad de hace minutos

Ahora tengo que ir a ensayar la obra nueva. Confieso que al principio me parecía una porquería. Bah, como todo. Cuando me ofrecieron el papel que hago, lo pensé poco, como el que está en medio de una ruta y ve llegar un auto destartalado y piensa en centésimos, en segundos, que puede morir de frío en esa banquina o puede morir arriba de esa bola de metal y se toma la pera y después de hacer un rodeo con los ojos dice: ma si, me subo. Así fue como dije que sí. Lo único que me molesta es el piso de madera en el que ensayamos. Tiene unos agujeros grandes y da la sensación de que en cualquier momento se viene abajo y que abajo puede llegar a haber serpientes, o ratas, o pirañas, o un cadáver.

En fin, esta es mi primera entrega, no sé si voy a poder seguir escribiendo, porque tampoco sé si tengo mucho para decir y si analizo bien, en estas líneas no dije nada. Solo pavadas. 

El pájaro en la botella



Mariposas negras se meten en mi cuerpo

Me piden que me arrepienta de los caminos falsos

De la sangre quieta

Del corazón en un balde amarillo

Acurrucado

A salvo

En el agua negra

Con el plástico fundido en manteca

Barrenando la tinta roja

Incansable

Pintando mi cielo con manteca

Como un avión a chorro

Que corrige sus maniobras

Necesito mi corazón para hacer transformaciones

Necesito ese corazón para transformar

Para limpiar mis ojeras y mis muelas

Para tallar en vidrio mi respiración

Para tatuar el olvido  

Campo de batalla II


                                                                                                             (a mi abuela Berta)

Duermo en una cama de dos plazas con sábanas marrones

En el piso hay botellas de cerveza de agua y medias y libros

Y papeles y tierra y zapatillas y una guitarra

Que toco a la noche en el baño

Me quedo horas tocando el mismo acorde

Hasta que me canso y me voy al living

Me tiro en el piso y me pongo a mirar el techo

Abro y cierro los ojos respiro hondo

Dejo la vista en la biblioteca y pienso en mis libros

En releerlos todos y dejar en cada uno una lagrima

Llorar como si fuera una despedida

Leerlos a oscuras  

Tocar cada una de sus hojas

Anotar líneas en un cuaderno

Para después armar varias pilas y atarlos con cordones

Y sacarlos a la calle regalarlos liberarlos dejarlos en otras manos

Quedarme con el departamento vacío

Rotundamente vacío

Esperando que suban los de la inmobiliaria

Con un comando o con la vieja de la dueña

Regando el ficus

Con la espalda erguida

Riendo riendo riendo

Abrirles la puerta con una sonrisa

Darles la mano

Y salir dejando mi libro de poemas en el placard

Para que el que venga lea dos páginas

Y se abanique y lo tire al tacho de basura

O anote atrás un número de teléfono

O lo use para prender el calefón como si fuera una antorcha

Y lo deje incendiarse en la pileta de la cocina

Y en ese momento sentir que mis piernas se paralizan

Que mi sangre se moviliza al corazón

Que lo ataca que lo desborda

Que lo reprime con una caricia roja

Y después  bordo

Y termina negra como un barril de petróleo

Y caerme a pedazos en la calle

Venirme abajo 

Y quedarme en el piso horas días

Y no decir nada 

Y no contar nada

Estar tirado y que aparezca mi abuela Berta

De pie y me pase una mano por el pelo

Y me salve

Y me pida cigarrillos Philips Morris

Y empanadas de la San Nicolás con azúcar arriba

Y entremos al Nogal con la bolsa de madera

Y nos sentemos bajo los árboles

Y que me diga con la mirada que encontró la paz

que su castigo que su tremendo castigo valió la pena

Que hoy baila y respira tomillo

Que en su pecho se siembran rosas

Que sigue mirando Ricos y Famosos

Que por las noches su cama es de miel

Y que a su lado duermen un millón de niños

Que me diga sus nombres y sus historias  

Que nuestro encuentro 

termine 

con el canto de los pájaros.



A nadie le importa lo que digas Tu casa ahora está a oscuras  Las cosas cambian,  Se modifican. La construcción mental que te mantenía en ca...