Vas a estar perdido

Vas a estar perdido...

Rotundamente perdido...

Alguien rompió a piedrazos los faroles

Y asesinó a los aplaudidores de ésta playa.

Como aire fresco (I)

Odio la comodidad. Siempre, cuando creo que estoy llegando a esa zona, decido romper en pedazos todo. Renunciar, quedarme sin trabajo, vivir con muy poco. Para después volver a empezar. Una mudanza. Un amor. Un olvido. Una pensión. Una ciudad nueva. Y así, así, así.

Es que algo sabemos los que no podemos parar de buscar: todo está perdido. A veces creo que eso que falta está en la literatura. Lo pienso a la noche. Cuando me saco los anteojos, con los ojos rojos, mientras fumo y me pierdo en las luces de la plaza. La vida se pasa sin sentir, te pone en lugares oscuros, ásperos, para entrenar lo único que vale: el fuego del corazón. Si no tenés nada, eso se apaga rápido. Se acepta. Se confirma con la cabeza baja. Se pone la máquina automática. Se canta una canción única. Y todo es estable y rotundamente aburrido. Y, de a poco, tu piel despide olor a muerto. PERO LA MAYORÍA NO SE DA CUENTA PORQUE TODOS HUELEN IGUAL! Es como el olor de una casa. Sus habitantes nunca van a saber a qué huele.

Pero la vida tiene cruces y excepciones. A los dieciocho años viví un tiempo en una pensión, en once. Ahí conocí a un poeta, que me enseñó cosas esenciales para conocer el corazón humano, el carácter, la amistad. "Todo esto no se mide, se prueba", me decía siempre. Salíamos a la noche a caminar por plaza Houssay. Una plataforma de cemento horrenda, en la que te roban seguro a la medianoche. Conocí todo Buenos Aires con él. Caminábamos horas en silencio. Entrábamos a casas abandonadas. En el centro hay miles y miles. Les ponen una cadena y un candado, que no resisten una mirada. Después están los que se cansan de comprar cadenas y candados y levantan paredes en las puertas. Soñábamos con la "rebelión del mazazo", que consistía en romper en una semana todas esas paredes, para restaurar esas casas y entregarlas a las familias sin techo. Imaginábamos cuadrillas de personas y personas tomando el vacío.

Siempre me preguntaba porqué entrábamos a esos lugares. Era como una especie de reconstrucción. Nos gustaba ver lo que quedaba, muebles, fotos viejas, espejos, baños derrumbados. Una casa vacía es como un cuerpo humano cuando muere, tiene signos de lo que fue pero eso no te confirma nada. Esto nos permitía pensar la posición social de la familia, la decadencia, la época en que vivieron. Armábamos historias delirantes durante horas y horas. Hasta que nos invadía el silencio.

Una noche, José, después estar sin hablar por media hora, me miró y me dijo: "Te voy a explicar porqué entramos acá. El miedo invento todo. Se convirtió en una industria colosal. De corazones bombeando sangre negra, por años y años. Como una cementera que no para de crecer, de tanto levantar paredes, de producir hormigón. Por miedo decidimos amar, pensar ciudades, edificios, acariciar perros, llenar el mundo de niños. Por eso estamos acá... José hablaba y hablaba y la luz de la luna le comía parte de la cara, mientras jugaba con una madera entre sus manos. Cada línea bien construida la afirmaba dando golpes al piso con los pies. Me gustaría poder acordarme de todo lo que dijo, pero fue largo, casi imposible de reproducir. Hunter Thompson, un periodista lunático y genial, decía que cada escritor tiene su propia respiración. Recomendaba tomar cualquier libro y copiar dos páginas para darse cuenta. Esa noche, José, tuvo una respiración larga, intensa, casi al borde de ponerse morado.

Luego de una recorrida nocturna, volviendo a la pensión, tuvimos una batalla campal con una banda de travestis que paraban en el boliche "América", lugar en dónde todo está permitido. Una exclusiva zona de cruces. Nosotros veníamos hablando, como siempre, de algo sin importancia. Cuando un travesti se paró delante de José y le cerró el paso. La situación se fue tornando espesa, hasta que José le rompió la cara de una piña. Tuvimos que salir corriendo. Los travestis eran muchos y cargaban con piedras y gritaban muy fuerte. Yo no podía parar de reírme. Ya veía al cronista de Crónica con la morgue en la espalda diciendo: "En un confuso episodio muere estudiante de periodismo atacado por travestis". Corríamos y corríamos y los travestis parecían alimentados por alguna fuerza sobre natural. Logramos entrar a la pensión sin que la turba nos viera. Finalmente, pudimos arreglar todo con los muchachos y hasta jugamos un partido de fútbol en el estacionamiento de la UBA de Ciencias Económicas.

Así íbamos pasando los días. Las pensiones son líquidas. Todo el tiempo se va adaptando a lo nuevo. Gente que viene y se va. Gente que intenta sobrevivir como se pueda. Gente! El que no tenía le daba al otro. Era una especie de pasamanos. Siempre estábamos apretados con la guita y buscando trabajos temporarios, alimentando nuestra obsesión por la lectura. Recuerdo que una noche vino un ex pensionista a pedirnos ayuda para subir un piano hasta un octavo piso. Nosotros, como estábamos algo tomados, le dijimos que sí. No sabíamos quién era el tipo. Salimos y la noche estaba helada. Llegamos al departamento, que era a la vuelta de la pensión, y vimos el piano en el hall de entrada. Saludamos al dueño, que nos empezó a hablar como si nos estuviera pagando por subir su instrumento. Que ojo con esto... sean muy cuidadosos con las puntas... Y así, así, así. Yo lo miraba y me reía. José parecía encantado con la situación. Si, jefe le decía. Ja. El primer piso lo subimos de manera magistral. Pero el pianista nos rompía las bolas. El segundo también lo subimos bastante bien. Pero el pianista, un hombre muy delicado y bastante marica, nos seguía rompiendo las bolas. En el tercer piso se lo empezamos a cagar a palos contra las paredes. Pum, pum, pum, cuidadoooo, gritaba, ja, nosotros hacíamos como que no escuchábamos. El pianista, hombre delicado, puntilloso y ultra marica, se lo buscó. Llegamos al piso cinco y el piano estaba visiblemente cagado a palos. Paramos a tomar aire y el pianista parecía en una disyuntiva. Se acomodaba los lentes, se pasaba una mano por el pelo, después las dos juntas. Nos quería decir algo pero no se animaba. Hablaba en voz baja con su amigo. Hasta que nos dijo que quería que lo bajáramos porque lo estábamos golpeando mucho. Imagínense!!! Si, Jefe, dijo José. Si, si, Jefe repitió para sí mismo. Se lo bajamos como un auto chocador.

Esa fue la última vez que lo vi a José. Siempre recuerdo algunas palabras, frases sueltas, que quedaron incorporadas en mi ser. Su ritmo salvaje, su visión caótica, que intentaba olvidar el orden de su infancia: "Sin plegarias", repetía cada mañana. Se fue de la pensión sin pagar, dejándome muchos libros sobre mi cama. El kiosquero me dijo que lo vio irse pateando palomas a la hora de la siesta. Que les gritaba "vuelen, vuelen", como esperando una respuesta, que lo saludó y siguió, a paso tranquilo, por la avenida.

Dos días después conocí a Julia...








Una gran vuelta



Habría que dar siempre una gran vuelta.
Llegar casi arrodillados.
Ante los hombres barbudos, de pelo blanco,
que llevan bastones finamente tallados,
con la risa de la desesperanza,

Habría que ver a ese hombre que prepara, en un campo, una carcajada larga, casi eterna, que revienta contra la eternidad.

Habría que ser ese hombre que leyó hasta que explotaron sus ojos, dejando en el aire, el acto revulsivo, solo con sus huecos, su cara ya vacía, en donde sus ojos descansaban. Sus ojos, sus ojos, sus ojos. ¿Qué serías sin tus ojos? ¿Un camino sin carteles? ¿Una pileta rajada? ¿Un perro sin olfato?

De noche, de día, de tarde. Llegar con cada hombre a las estaciones de madera. Dejarse incendiar con sus palabras. Como un virus. Un parásito que viene dispuesto a matar. ¿Estás preparado?

Habría que dar siempre una gran vuelta.

Emborracharse con una guitarra. Tocando, tocando, hasta que los dedos se hinchen como un globo aerostático, para después subirse en el. Para ver de lejos, de arriba, la mentira, la lucha de cada selva, de cada pastizal, de cada camión, de cada pelo muerto en la pileta de un baño.

Partículas y partículas, viajando, entre nosotros. Un banquete de polvo que grita con fuerza: SOY CULPABLE Y YA NADA IMPORTA!!

Habría que dar una gran vuelta.
¿Estás preparado?

Pensando sus huesitos

Pensando sus huesitos cuando llueve/los compañeros pisan la sombra/parten de la muerte/ circulan en la noche sensitiva/ oigo sus voces como rostros vivos arder en la mitad de la batalla/ caer/subir/quejarse/ansiar amor como otro amor mejor/están salidos pero no sosegados/golpean la puerta de esta prisión o entendimiento/ roque extiende su luz o dignidad/ pedro escribe en los muros de la sed/ claudia derrama su hermosura como de claridad vestida/nada piden para sí/van desnudos/sangran mundo/ callan de penas admirablemente/ esperan que empecemos otra vez.. de Si dulcemente-Juan Gelmán (1980)

Las aves




Habría que ver cómo las aves se
cuidan entre ellas, desde un palo alto, alto, alto.
Habría que ver cómo se vigilan.
Cómo se intercambian el puesto para comer.
Habría que ver cómo se filtra el sol entre ellas
Y las ramas, que bailan,
A la tardecita.
Habría que ver cómo las aves
Se mueven en bloque
Y sus peores canciones
Las cantan en las mansiones.





El vuelo de los comisarios



Una vez un legislador nos recibió, a unos compañeros y a mi, en su despacho. La sala era luminosa, tenía secretarías, y las ventanas daban a la plaza. El hombre era fanático de Boca y tenía cuadros con otros políticos. Pero la mayoría eran con los mismos. Era gracioso ver como el tipo sobre representaba su lealtad hacia sus mentores. También tenía una foto de su hijo. Los políticos son seres grises, aburridos, que viven paranoicos, metidos en la rosca. Recuerdo que fui a esa reunión por pedido de una compañera, que buscaba sumar puntos dentro de la orgánica. Algo para mí difícil, porque no respetaba al muchacho de traje. Y, en el fondo, sabía que eso no iba a funcionar.

El tipo aplicó el estúpido método de no mirarnos a los ojos. Jugaba con su celular, haciendo como que sellaba cosas importantes, mientras nos dejaba hablar. En el medio, su secretaria, entró a la sala y le dijo algo al oído. Parecía una comedia. El tipo nos pidió que saliéramos porque tenía que hablar con otro legislador. Teníamos que esperarlo unos minutos afuera. Ahí decidí irme. Cruce la legislatura, repleta de asesores, je, como el que se escapa de un manicomio.

Los comisarios no tienen talento. Los comisarios vuelan bajito para controlar de cerca. Les gusta sentir la sangre cuando se muerden el labio sin querer. Los comisarios, ante todo, reaccionan. Ser comisario es fácil porque no tienen que crear nada. Porque no ensanchan los caminos, los achican. No hay nada más lindo que ver un comisario caído en desgracia. Su celular no suena. Andan con trajes gastados y se quedan horas eligiendo qué lata de ensalada rusa sale más barata. Es como esos soldados que volvieron vivos de una guerra. Saben que la guerra termina solo para los que murieron en combate. Esta década sobre narrada dejó un vendaval de comisarios. En los diarios, en las radios, en los hospitales, en los sindicatos.

Igualmente, nosotros les brindamos tranquilidad, cuando los crucemos por las calles no los vamos a llamar por sus nombres. Les vamos a poner uno artístico para que la gente no los cague a palos. Les vamos a indicar, con mucho cariño, por dónde están las salidas de emergencias. JEJEJE. PERO QUÉ RISA, CARAJO!

Para los tiempos que se vienen


Imagino que Macri, que es Mauricio, no lee. Y también imagino que no tiene noción de lo que afecta al grueso de la población una decisión suya, bah, de Durán Barba, que es Jaime. Es frecuente ver a los antiperonistas preguntarse en los programas de TV porqué el peronismo gobernó tantos años seguidos el país. La respuesta la dan estos brutos que tomaron el Estado.
El peronismo, que está en estado GPS -recalculando- y viendo cómo se sacan de encima a los piantavotos, debe retomar una agenda que evite el estallido social.

En el 2011 se promulgó la Ley 26.688 en la que se declara de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos, materias primas para la producción de medicamentos, vacunas y productos médicos. Esa ley continúa paralizada. Si se aplica, el precio de los medicamentos bajaría en un 80 por ciento. Fundamental para los sectores populares y los jubilados, quienes gastan gran cantidad de sus ingresos en remedios. El kirchnerismo la congelo por, jeje, bueno.

Recomiendo al Chirolita de Jaimito leer la novela de Steinbeck. Relato que cuenta cómo se traducen a nivel social los ajustes salvajes. El panorama es de un cielo plagado de hematomas. Sin reservas, inflación altísima y los salarios devaluados. El Plan Belgrano y el de pobreza cero, se van en el tren bala.

No tengo mucho más para decir



Me gusta escribir por la calle.

Ir acomodando las líneas, pensando las comas,

Pasar, mientras, por la despensa de mis amigos

Que me reciben colocados.

Y salir de ahí muy tranquilo.

Mirando los balcones

Que tienen plantas muertas

Y guirnaldas olvidadas

No tengo mucho más para decir:

-Mi corazón siempre está en las pequeñas cosas-









A nadie le importa lo que digas Tu casa ahora está a oscuras  Las cosas cambian,  Se modifican. La construcción mental que te mantenía en ca...