Algodón




Viniste a mi casa descalza y te clavaste un clavo,
Diste dos saltos con la pierna derecha en alto,
Después llenaste de líquido rojo el living
Yo corrí al baño y saqué algodón
Abrí la cama de dos plazas,
Tiré las mantas al suelo y corté pedazos de algodón
Muchos pedazos y los fui tirando
Hasta que tape todo el colchón
Después te busqué y te acosté
Puse tu cabeza en un almohadón
Te saqué el pelo de la frente
Y puse tu talón derecho encima de los pedazos de algodón
Como un tabique
Cerrastelosojosyapaguélaluz

Abrí la ventana y bajé un poco la persiana
Para que no se volaran los pedazos de algodón

(Cuando cortaba el algodón sentía un temblor en los dedos,
Y pensaba en los niños que juntaban el algodón por la mañana,
La espada encorvada, el morral repleto
Y lo deditos como pasas de uva)

Seguiste durmiendo y yo mirando por la ventana
A las cuatro de la mañana te despertaste
Y me preguntaste cómo había llegado el clavo al living
Y yo no te supe contestar hasta que te volviste a dormir
Y me quedé pensando cómo es que llegan algunas cosas
A ciertos lugares y uno no sabe cómo

Se hizo de día y te desperté tocándote el talón
Que es como la vida
Tiene que ser duro y sensible a la vez
Tienen que caminar por todos los terrenos
Acostarse, pararse, caminar, desnudarse,
Taparse, cuidarse, malgastarse, romperse,
Curarse para hacerse más fuerte,

(Vos mirabas los pedazos de algodón llenos de sangre,
Tu sangre, y yo caminaba en la nada de la mañana,
Ves, mira, no me duele, no me duele más, nunca más,
 Porque a veces la noche se disfraza de cura
y los talones reflorecen)

Tiré el algodón al suelo
 y me tapé hasta la frente.
Cuando me desperté ya era de noche.




El poeta


Llegué de San Nicolás y en mi departamento había varias notas debajo de la puerta. Una decía que había olor a gas, firmada por Betty (es la dueña del departamento de al lado, que todavía está vacío), la otra decía que mi baño perdía y la humedad había comenzado a aparecer  en la habitación de la de abajo. Así de lindas son mis vueltas a Buenos Aires, y, ni hablar, de las expensas, la luz, el gas, que también habían llegado. La humedad es como las cucarachas, nunca se le gana por completo, a lo sumo se le empata. Llamé al de la inmobiliaria pero no me atendió y después me olvide. Estuve con mis amigos, con el Locón, al que le pusimos ese nombre porque está completamente loco. Es un tipo que no mide consecuencias, que no tiene el alma parcelada con alambres. Cuando era chico, un día, cortando el pasto con una cortadora eléctrica se electrocuto y estuvo en coma. Desenchufó la máquina y cuando tiró el alargue cayó en la pileta y empezó a bailar el malambo, hasta que su hermana lo fajó con una tabla y lo salvó. El locón es eso. Él ningunea a la muerte, tiene el cuerpo marcado y ya no se acuerda de qué. Cuando vino a casa lo vi rapado, me miró y me dijo, ah, bueno, estaba aburrido. Esas son las personas que quiero a mi lado. Cuando era pobre (lo sigo siendo señora, no como mucha carne porque está muy cara, vio, qué difícil la vida del héroe, señora) el Locón siempre me prestaba plata para salir a los boliches, a emborracharnos, después, yo, juntaba peso por peso para devolverle cada lata de cerveza. Crecimos juntos y eso es lo que nos une. En una época tenía un Dodge 1500, me pasaba a buscar para ir al club y enfilábamos en la poderosa. Después, boludeando, agarró mal un pozo y se fue a la zanja. El Locón salió ileso, el auto no. Lo perdimos para siempre. Siempre que podía me salvaba en matemáticas, me hacía la prueba y me la daba adelante de la profesora. Él no me podía explicar nada de números, le salía, era como respirar, yo, en cambio, odiaba y odio todo ese mundo dogmático  en donde todos creen la convención del dos más dos es cuatro. Es triste. Un día a una profesora muy vieja, le hicimos creer que dos más dos era cinco. La vieja se jubiló a la semana, entendió el mensaje.

Acomodé las cosas, fui a buscar una valija para subirme por primera vez a un avión. Puse lo justo, no tenía mucha ropa y menos de abrigo. Tenía que viajar a Caviahue (todavía no escribí la nota) por el diario. Una compañera me cedió el viaje, porque, yo, señora, soy el mejor. Y así, con la humildad que me caracteriza pedí un taxi para que me pasara a buscar a las 5:45 de la mañana. Todo un desafío levantarse cuando todavía es de noche. Le puse un candado malísimo al bolso y me fui para aeroparque. Me encontré enfrente de aerolíneas Argentinas con el grupo de periodistas que iban a cubrir el viaje. Era muy temprano y prácticamente no hablamos. Es lo normal para seres humanos. Subí al avión y me acomodé en mi asiento, por suerte con un solo acompañante, mucho más curtido en viajes que yo, porque cuando le dieron la vianda la liquidó en diez minutos, comía como los presos. Después me di cuenta que era el tiempo que los energúmenos de los azafatos te dan para comer y retirarte todo (todo mal con el azafato, yo estaba durmiendo y me  empezó a gritar qué querés tomar, ahhh). Llegamos y nos subimos a una combi, en Neuquén. Para llegar teníamos cinco horas de viaje. Me puse a leer un libro de Henry Miller al que leo con devoción, algo que no sé si está bien. A medida que avanzábamos se me  iban congelando los pies y las piernas. El paisaje no ayudaba para mucho y me puse a dormir.
Una vez en la ciudad nos llevaron a los hoteles a dejar nuestras cosas. Caviahue es una ciudad muy chica, que tiene nada más que 27 años de vida. Es un cráter. Un volcán explotó por demás y se auto destruyó. Ahí armaron el centro turístico. A medida que uno empieza a hablar con los habitantes surge cierto hilo de ruptura. La mayoría se escapó de Buenos Aíres. Un bioquímico largó la multinacional y se vino a hacer cerveza artesanal. Los guías también son de Buenos Aires, las mujeres que limpian en el hotel son de Santiago del Estero. Las ciudades chicas tienen el horror de tener todo muy claro. Éste es el chorro, aquel es el bueno, el otro es el malo, y así, aburrido por dónde se lo mire. Todos te dicen que están barbaros pero cuando te ven se largan a hablar hasta por los codos, eso es signo de soledad, absoluta. Cuando se escapa de algo, hay que estar preparado. Porque, en fin, lo más fácil es escaparse. Trasladar un cuerpo, convivir con él, con el espejo, implica conocerse a uno mismo. Lo más duro y menos deseado. El problema es que, si tooodos son buenos, uno empieza a buscar el costado de la maldad. Uno quiere ver algo dañino para que el escenario sea verdadero. Tanta sonrisa, tanta amabilidad, por algún lado tiene que salir. Uno espera encontrar un pájaro muerto en la calle, un perro, algo. Serán tan felices o se resignaron a eso? Entendieron, quizá, la convención, del dos más dos es cuatro y se aguantan a la profesora vieja, insoportable, toda la vida.
Buscando algo distinto pregunté por algún bar. Me dijeron que a dos cuadras de donde estaba había uno y fui para allá. Ahí me encontré con el poeta de la ciudad. Un hombre viejo, con la espalda cagada a golpes. Tenía como brújula un vaso de cerveza y la mirada hundida en el ventanal. Me acerqué y lo saludé. Bajó su cabeza y me ofreció sentarme. Pidió otra cerveza y me dijo, nunca, pero nunca… y no terminó la frase. Me miró y tomó un trago largo. Aclaró la voz y empezó a hablar. Me contó de sus viajes de juventud por Colombia, habló del gran Andrés Caicedo, un escritor que se suicidó a los 25 años. Hablamos de Que viva la música, su única novela, de su suicidio y el poema que le dedicó. Pedimos otra cerveza y el bar ya estaba lleno. Manuel traía el suministro y anotaba a nombre del municipio. El poeta sonreía y borraba de un tirón su sonrisa, como una máquina de escribir cuando se le termina el ancho de la hoja. Yo le decía que la ciudad me parecía aburrida y él me hablaba del amor. Anota, me decía, anota esto: el amor es una suposición, pura, cansadora, sinuosa, que actúa como un ciego; va tanteando con las manos en la oscuridad y logra abrir puertas y ventanas, y después, con el mismo mecanismo, las va cerrando. La suposición es la mejor arma, decía con ojos jóvenes, porque no se caza con nadie, jaaaaa, con nadie. A mí me traicionó muchas veces, me tiró al piso y después me dio la mano para levantarme, entendés lo que te digo, y chasqueaba la lengua. Y Manuel se acercaba sin llamarlo y el humo de los cigarrillos nos tapaba la cabeza. El poeta perdía el hilo y retomaba después de un trago.






Cenizas de rosas
Estampé la firma de renuncia en la línea indicada,
Me escapé de la multitud,
Con cenizas de rosas en el abrigo,
Buscando pájaros muertos en la nieve,
Supe quemar mi única vida en las calles de Cali,
Bailando con los pies desechos untados en manteca,
No hubo más tiempo para Andrés,
Que tenía el golpe de gracia y un filme en el delirio.
Me convertí en un perro callejero apurando autos,
Ladrando al viento,
Y me libré de las muelas oscuras,
Fui una cruz derribada en una autopista,
Fui la misa de los marginales,
Y de tanto ser, lo único que me quedó fue el camino de vuelta,
La mirada carcomida y la cabeza limpia de belleza.
Puse la firma con las dos manos,
Andrés dijo no quedan más fichas,
Y fue el centelleo de la parodia,
Un poeta con la cara derretida,
Un poeta que escribía con la sangre fresca en el piso,
Un poeta precoz,
Un desafió al día y al amanecer,
Andrés tomó el frasco sin leer el prospecto,
Andrés cumplió su palabra,
Andrés no dejó rastros en su cuarto,
Andrés se despidió desde el comienzo,
Bailando con los cadáveres  de la existencia,
Danzando con su increíble valor,
Hoy nadie recuerda al gran Andrés en Colombia,
Hoy Andrés está en cada fiesta,
Andrés tomó el frasco y leyó el prospecto,
25 pastillas de colores con un whisky,
25 pastillas
Verde, roja, azul.
25 disparos al aire,
25 acordes bemoles,
25 suspiros
25 ojos abiertos
Andrés soltó el frasco y la vida volvió a nacer.
El poeta iba soltando palabras en la mesa desvencijada y tallaba su nombre con un Tramontina. No hay salida al mar, pibe, creo en la noche, la traición la trae el sol. La traición es el motor de las grandes ciudades. Está en uno, desde que nacemos. La traición como avance, como táctica. Cuesta entender que en lo malo está lo bueno. Nunca nos dejan hacer las dos cosas, por eso hay asesinatos, borrachos, fanáticos, católicos, drogadictos, periodistas, poetas.


Con Guido, periodista de página, ya estábamos cansados de las otras periodistas, con las cuales tuvimos varias discusiones. Bah, en realidad, una era periodista de la prensa, la otra era abogada, que trabajaba en un portal de turismo. Una piedra pensaba mejor. Pobre, abogada y fea. Porque si no le hubiésemos dicho todo que sí, que este país se arregla matando a todos los negritos, y eso que tanto les gusta decir en mesas y comidas como si fuera el abc. Pero como era fea le dijimos que era una imbécil. Llegué a Buenos Aires, con los oídos muy tapados y una terrible lluvia, nos separamos en la puerta de aeroparque, me subí al taxi y me puse a leer a Miller.

Columna vertebral

No mires el dibujo. No. No lo mires. Nooooo.

Hoy empiezo a escribir unas columnas que, según me dijeron, van a empezar a salir en varios diarios del interior. Algo que no tiene mucha importancia. Es un ejercicio para salir de la rutina diaria que trae marcar tarjeta en un diario. Antes el periodismo era una excusa para hacer literatura. Se armaba una fachada con puertas amplias y ventanas, a las que le ponían plantas y pájaros, y todos actuaban como sí. Lo mejor, como siempre, sucede en el patio de atrás. En donde los celadores no se molestan en entrar porque en su mapa de tareas esa zona no está marcada (estoy aburriendo, perdón). El problema es cuando a los celadores les llega la orden. Por eso siempre el patio de atrás tiene que estar en movimiento. Como en una conversación, cuando se estanca, muere, y se rompe el ambiente. El problema de empezar algo es que uno nunca sabe en qué puede terminar. Eso es lo más apasionante para un mundo ordenado por los GPS (un invento atroz por su eficacia y porque ya son pocos los que eligen perderse). Dentro de la representación que exige el mundo de las palabras hay que tener las cosas claras. Construir lectores es complicado. No porque sea imposible, de hecho no es imposible, si no porque lleva tiempo, dedicación y poca ganancia económica. El único aliado que tiene alguien que escribe es la indiferencia. Con esa herramienta celosa, altanera, hay que gestar una alianza, porque la vida es una alianza sin casamiento. A la indiferencia hay que tenerla entre algodones, llevarla de la mano, para convencerla de lo imposible. Cuando se logra eso, cuando compra el verso debajo de una parra con pájaros cantando en el patio de atrás, es cuando se retira y el camino empieza a aclarar. Primero es uno, después dos, o  tres. Y así se construye los lectores. La proximidad es la búsqueda de esta era. Todos quieren participar desde su casa, ya sea escribiendo el manifiesto al debe ser en Facebook, o riéndose de todos en Twitter, o mandando la foto a algún programa de TV. Por eso, un diario, algo que está ya inmerso en la muerte hospitalaria, tiene que usar las herramientas para utilizar esa ilusión de la proximidad. Si alguien escribe al diario para putear tiene que tener respuesta o tener un espacio dentro del mismo. Igualmente ese rol está en lo virtual. La web de los diarios tienen que estar manejadas por personas jóvenes que entiendan la lógica de este invento del “ser parte de”, algo ciertamente inverosímil. El nuevo lenguaje de la gráfica tiene que bañarse de lo que sucede en la ciudad virtual, para dejar de usar categorías viejas, aburridas, con olor a polvo. Una columna sobre mí tiene que tener una vos, un ritmo, un estilo. Porque lo subjetivo, el yo que se construye, como en este blog, es lo que importa. Por eso lo blogs colectivos no tienen tanta llegada. Igualmente eso depende de la audacia para colocar diferentes voces en post de un trabajo colectivo. Lo que sucede es que en el medio hay que zanjar muchas diferencias de criterios.  Igualmente, entre nosotros, no hay que avivar giles. 

Polo

El rey de la Tv italiana

En tiempo de felicidad plena, cantando bajo las azucenas.

El Rey de la Tv italiana tiene un parecido con Gerardo Rozín, un gordo tonto, que hacía un programa de libros bueno, pero lo levantaron porque C5n necesitaba agrupar a gente bruta. Lo consiguieron. Lo cierto es que, según cuenta la leyenda, el titular de AFSKA es Gerardo Rozín. Solo que él no da conferencias, cuando tiene que citar a los medios para anunciarles que.... va Martín Sabatella. Bueno.


Abrimos el plano para que nos crean. Investigamos, señora.

Lo cierto es que -bueno lo tengo con lo cierto- para aplicar la Ley de Medios audiovisuales, es necesario el fallo de la corte. Para que la radio Wichi tenga el espacio que se merece en la Nación de Manzano. Igual, más allá de la broma, para que los medios cooperativos se implementen es necesario romper el monopolio de clarín. Es básico. El mapa actual de medios va a perdida hace rato. Es la estructura del nacimiento. Se vive de la pauta del Estado que es lo que hace funcionar la maquinaria obsoleta. Todo lo nuevo está en las redes sociales, los mejores periodistas, escritores, etc. Todos leen lo que pasa en la ciudad virtual y lo chorean.

Dicen que Rozín fue el que creció en el altillo comiendo pescado.
 Hace un año creo, fui a un congreso de medios alternativos que era desarrollado por el Estado, en el que la mayoría de los medios alternativos -revistas en su mayoría- de casi todas las provincias, pedían herramientas para poder sostener eso pequeños medios, y, se pedía, por la equidad de la pauta oficial, que sólo recae en los grandes empresarios. La mayoría eran personas marginales, eso me pareció atractivo, con ganas de pelear. Después se hizo una fiesta en Córdoba, como excusa para vernos. La cuestión es que la mayoría de esas revistas están liquidadas.




Los grandes cambios de paradigmas, a lo largo de la historia, están unificados bajo los cambios en la comunicación. La Tv italiana de nuestro país y, en general, está muriendo por youtube. Le quita, además de las propagandas insoportables, la temporalidad al producto. Lo mismo pasa con la radio. El problema es hacia dónde decanta el negocio. La matriz de la comunicación venidera -eso que en la carrera de comunicación no explica la vieja Entel que es muy buena explicando lo que pasó cuando el hombre llegó a la luna- apunta a despolitizar a las audiencias y a singularizar cada vez más. El que se compró todas las parcelas de este nuevo mundo es Google. Eficazmente. Vamos a seguir con esto en diferentes entregas.

Conmover y conjugar




Cinco libros para los días de la vida (1)

1-Henry Miller: "Primavera Negra", una forma encantadora de narrar un viaje en bicicleta, un dibujo de un caballo, o el de echarse un meo en un baño público.


2- Antonio Di Benedetto, uno de los mejores escritores argentinos: "Los suicidas", una investigación sobre los suicidios, trama que envuelve al protagonista, marcado, justamente, por el suicidio de su padre, y el de varios familiares en diferentes épocas.


3- Juan Carlos Onetti: "La vida breve", obra que dará lugar para la creación de Santa María, pie para su obra mejor lograda "El astillero". Después, Onetti, hace lo que todos queremos hacer y no podemos (va si podemos pero ese lugar ya lo tiene -y muy bien ganado- el pirómano chino que incendiaba inmobiliarias) en  "Juntacadáveres" prende fue toda la ciudad (Santa María).


4- El libro fundamental de Fogwill: "Los Pichiciegos", lo escribió, creo, en dos noches aspirando merca. Ahora editaron unos cuentos después de su muerte.


5- Vncent Van Gogh: "Cartas a Theo", son la recopilación de 400 cartas que el pintor le enviaba a su hermano, al que apreciaba mucho y para borrar las distancias, se enviaban correspondencia continuamente. Van Gogh cuenta todo lo que padeció por no ser comprendido en su época. Hay una anécdota, el vivía en una pensión y pagaba con sus cuadros, la dueña puso uno en el comedor y, para los inquilinos era tan feo, que comían en sus piezas. Lo que es la vida.

-No releo lo que escribo, si hay errores bienvenidos sean-

No sé titular


Esto se hunde, pregunté, como si alguien supiera de ante mano. Nadie te avisa cuando algo se hunde, es una pavada gigante preguntar eso, me decía, cuando volvía caminando por la calle. Hay que hundirse y listo. Nada de andar pensando al pedo en eso, no sirve, hay que dejar que lo peor suceda en el momento que tiene que suceder. Fui a comprarme una planta para el balcón, compré un ficus, y una maceta de plástico. Escuché todas las recomendaciones, pagué y me fui. Es raro ir con una planta por el medio de una avenida, es como si estuviera llevando un cadáver en medio del cemento. Me reí cuando pensé eso. Puse las llaves, saludé al portero (al que detesto, porque, está planta que estoy metiendo en el ascensor tiene más vida que esos hombrecitos que manipulan la manguera y mojan a las personas que esperan los colectivos, o peor en verano, cuando uno decide salir con ojotas, y estos hombrecitos te preparan el escenario para tu muerte a base de agua y detergente, es así, estos hombrecitos se multiplican por cuadra, y todos vivimos ensimismados, y tenemos que soportar tener que saludarlos). Traté de acordarme todo lo que me dijo la señora de las plantas. Corté el plástico negro que está en la base y pasé el ficus a la maseta de plástico. Un poco de tierra en esta ciudad no viene nada mal. Junte la que se había caído y rodee  el tronco con la tierra. Ahora todo depende de mi memoria para que este proyecto (el ficus) siga con vida. Eso me puso en un lugar incómodo, demasiado tengo conmigo, y, a veces, me olvido de regarme. Por eso cuando llueve no uso paraguas y para no darle el techito a las viejas que vienen con paraguas pero quieren el techo para ellas, porque son viejas egoístas, de los peor que puede haber, de la peor clase (señora es con usted la cosa, si, traer semejante paraguas, qué va  a hacer cuando venga un tsunami, un maremoto, va  a salir con una carpa de circo, y, encima, me va a negar el techo, chau, señora, chau, si puede ahógese  en la esquina). Ya estoy adentro mirando cómo se mueve el ficus, quedaron sobre la mesa varios vasos con cerveza de otra noche, un destapador, es como un ayuda memoria de una noche espantosa. Tendría que tirar los vasos, comprar unos nuevos, el destapador también. Aunque no tengo plata para comprar unos nuevos. Usar vasos de plástico sería una buena solución. Tengo que ir al médico, a hacerme uno análisis, no tengo ganas, chau.

A nadie le importa lo que digas Tu casa ahora está a oscuras  Las cosas cambian,  Se modifican. La construcción mental que te mantenía en ca...