El vagabundo que está llamando a tu puerta tiene puestas las ropas que tú llevaste una vez. Colaboraciones alias: fedepits
María
Me llegó un mensaje de María, yo estaba tomando una cerveza en mi casa. Siempre que María me manda algo es para ir al bar. Me levante, fui a la cocina, caminé entre las botellas, la pileta estaba llena de platos. Puse el envase y el vaso en un costado. Mi casa cada día es más chica y cuelgan las lámparas como plantas y todo siempre está sucio.
Vamos al bar?, decía el mensaje. Lo vi y dudé, pero después,
le puse sí, ahora salgo. Cerré las ventanas, busqué una remera entre la pila de
ropa al costado de la cama. La olí, me la puse y salí a la calle. Fui caminando
por la avenida, me subí a un taxi. Cuando llegué María todavía no estaba, entré
y me senté pegado al ladrillo visto. Enseguida llegó y yo ya había pedido una
cerveza. Me dio un beso en la mejilla. Yo me rascaba la nuca y al mismo tiempo le decía que no tenía un peso.
Ella buscó en su bolso y sacó un billete de cien. Ya está. Tenemos para tirar,
dijo. Me preguntó por el diario y le dije que como siempre, condenado al
fracaso. Enseguida me mostró cómo se había cortado el pelo al costado. Yo le
dije que me encantaba y tomé un trago largo de cerveza. La música estaba baja y
todavía había mucha luz. Le dije eso al
mozo y mucha bola no me dio. Ves, rapado al costado, como me dijiste que te
gustaba.
A María y a mí nos
gusta lo distinto, no lo paralelo. Y cuando empezamos a pensar muy parecido nos
dejamos de ver, no nos llamamos, nada. Es cómo una especie de pacto tácito.
Cuando uno coincide mucho con alguien la relación se vuelve pelotuda, me dijo
una vez. Es cómo estar con un evangelista. Yo me reía a carcajadas. Pusieron un
tema de Charly, María cantaba como si estuviera en un recital y golpeaba la mesa. Yo miraba a la pareja de al
lado, parecían transparentes. Vamos, le digo, vamos porque…. Nos paramos,
terminé el vaso y salimos a la calle. María me agarró la mano y tomamos un
taxi. Fuimos a un boliche de microcentro, pasamos gratis, porque ella conocía
al de la puerta. Adentro nos dieron
consumiciones, y tomamos como si fuera la última vez. Una mina se me
acercó, me beso la oreja y me preguntó si tenía merca. Yo no podía abrir la
boca, María la echó y me preguntó qué me había dicho. Le agarré la cintura y le
di un beso en el cuello.
Salimos y afuera llovía y el agua me tranquilizo. Paramos un
taxi, subimos y el tipo estaba escuchando tango, yo me puse a llorar, María me
limpió las lágrimas, después me abrazó, mientras la música rebotaba en el
parlante saturado. Sus manos estaban
calientes y el tipo preguntó a dónde íbamos. Me acomodé en el asiento, miré por la ventana, María le
dijo la dirección. Pasaban los carteles, los semáforos, los autos y el agua
pegaba contra la ventana. Yo le tocaba la parte rapada a María, que se había
apoyado en mi hombro.
Subimos a su casa y me tiré en el sillón del living. Ella
hizo té de limón para los dos y tomé un
trago. Su casa olía a vainilla. Hundí la vista en la taza y pensé que en la
noche la resistencia pierde un poco su poder, nos arrodilla, nos baja la
guardia.
Cuando levanté la mirada, María tenía una sonrisa como si guardara un secreto en su boca.
El sol entraba por la ventana y se metió en la cama, me tocó los ojos. Miré al costado y María no estaba, había desaparecido. Di un par de vueltas, después me levanté. Fui al baño, me lavé la cara. Caminé hasta la cocina y puse el agua para el mate. No tenía nada para hacer en el día y el cielo estaba tan azul que daba lástima. Tomé un par de mates. María había pegado en la heladera una hoja rayada que decía: “Somos principiantes en todo”. Me quedé pensando, encontré la llave, bajé, saludé al portero. Decidí caminar hasta mi casa.
Campo de batalla
Yo te dije en el playón de mi casa, ya estaba borracho, que
te iba a escribir algo, a vos, porque siempre a las chicas lindas les prometo
un texto, como si ahí pudiera sellar la eternidad. Sabes, yo, una vez me
enamoré de una piba que tenía una sonrisa parecida a la tuya. Fue en San Telmo,
cuando empezó todo, después íbamos a caminar a plaza de mayo. Yo no tenía un
peso en esa etapa –ahora tampoco- vivía en el once, en una pensión. Siempre le compraba un helado de limón y caminábamos horas entre las palomas y
los vendedores ambulantes. Buenos Aires era una ciudad inmensa y fría y terrible y la conocí, en parte, con
ella. Íbamos a las fiestas de la facultad, en donde discutíamos con todos, tomando
cerveza. Después desayunábamos por ahí y pasábamos días enteros sin plata. Yo
buscaba trabajo, sin mucho entusiasmo. Una vez estuve a punto de quedar en un
call center. Me escapé. Me fui corriendo de la gorda que tomaba la prueba.
Después ella se fue a vivir a Lanús y yo me tomaba el 37 a
la noche, con la cabeza pegada a la ventana, miraba el camino y las manos de
las señoras que limpiaban casas en capital. De a poco la distancia nos fue
apagando y todo se terminó. No sé, cuando lo pienso, no me acuerdo bien qué era
lo que la hacía inolvidable, me quedan las pequeñas cosas, que se pegan al territorio del cuerpo, como anzuelos, porque
recordar es olvidar y puede que sea lo que mejor hacemos.
Con el tiempo empecé a viajar de Buenos Aires a San Nicolás,
después a Rosario. Me pasaba horas arriba de los colectivos. Fue cuando decidí
buscar por buscar y no por encontrar. Conseguí trabajo en un diario, por
intermedio de un gran amigo, que hoy tampoco veo más, porque se fue a vivir a
Corrientes. Y Buenos Aires me fue llenando de amigos olvidados, de intentos en
vano, con un cielo lleno de hematomas negros, me fueron cercando munditos chiquititos,
fui abandonando espacios, fui negociando con gente vencida, que caminaban como
si tuvieran un arma en la nuca. Eso me sirvió para escribir, muchas cosas, fui
acumulando, hojas de Word. Después perdí todo.
Sabés no sé porque te escribo esto, puede que no te importe,
pero cuando era chico soñaba con jugar como Ortega, gambetear a todos, sacarme
la remera para gritar los goles. Lo hacía, en el Barrancas, cuando jugábamos en
los cumpleaños y puteábamos cuando las mujeres querían jugar al fútbol con
nosotros. Fue, me acuerdo, a los ocho años cuando un perro de la calle me mordió el
pecho. Mi vieja me llevaba al médico porque la herida no cerraba y tenía miedo de que tuviera rabia. Después de una semana la herida cerró y comprendí que la
piel vuelve a su lugar cuando entendemos las heridas. A partir de ahí, algo
cambió, mi sueño era escribir, contar algo, quizás, cosas chiquitas. Crear un
mundo, poner las manos juntas para tomar agua y dejar que la canilla gotee y se
rebalse el balde de palabras. Escapar de las iglesias, de las profesoras de
inglés, del destino con olor a muerte. Decidí insistir, insistir, insistir, en la
única vida que tengo, porque un hombre es un campo de batalla, en donde la
lucha es contra las parcelas del alma, las membranas del corazón. Puede que
estén siempre en otro lugar. Puede que la vocación sea un sufrimiento y que todo sea una casa gigante, con muebles,
pero vacía, rotundamente vacía, en donde el eco rebota como una pelota. Mira, voy
pensando en esto cuando cruzo a los colombianos de mi cuadra, que bailan y
toman cerveza en este viernes de lluvia, en la calle. Una pendeja me interroga con la mirada. Yo
sigo caminando, saludo, con una mano, la otra la dejo en el bolsillo. El agua me va mojando la cara y los autos siguen camino.
José Sbarra-Plástico Cruel
Leer Plástico Cruel es un buen comienzo para conocer a José Sbarra, escritor, guionista, que retrató con simpleza los submundos de la década del 80. Se lee de un tirón, por su escritura fragmentada y su linealidad cinematográfica. El link acá
Si se copan, MARC LA SUCIA RATA.
Esquirlas
Los puentes son lugares desconocidos. Yo estaba fumando con
mi campera hasta la nariz. Como buscando un refugio, mordía el cierre y miraba
para abajo. Hay escenas que son tan crudas y crueles, que no habría que
escribirlas. Esto es honesto. Quizá a todo haya que ponerle el cuerpo.
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Tenía un texto bien logrado en un archivo. Estaba tan bien
que lo dejé para darle un cierre final, pero a la noche se envenenó. Primero
perdió las piernas, después los brazos. Cuando desperté ya no se movía.
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Los hombres me reciben con palos. Esto no termina nunca y
siempre se vuelve a repetir. Los hombres hacen señas y ponen sus palos a la
altura de la cabeza. Los poetas fueron los que engendraron el psicoanálisis.
Escuchando la voz de los sueños. Pienso que no estoy viviendo como quiero.
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Puede que la distancia esté involucrada en todo esto. El
camino al trabajo, esquivando señoras con carros, con bastones, con vestidos de
flores. Puede que yo sea el culpable de todo. Pero la distancia está compuesta
por dos partes. Quizá sea un auto engaño, quizá el día exista para pensar en
estas cosas. Pero yo me levanto tarde. Y sin ganas de pensar en estas cosas,
por eso las escribo de noche, cuando los pájaros grises empiezan a romper las
bolas. Puede que la distancia esté involucrada en todo esto y puede que, además,
sea cómplice. Quién sabe. La carencia es el mejor impulso.
Otro día de buenas Coquis!!
Siempre fue difícil defender las posturas del kirchnerismo
frente a las tragedias que sufrió el país durante su gobierno. Con
Cromañon la postura fue no aparecer. Con
Once la postura fue dejar pasar una semana y luego hablar en cadena nacional en
Rosario. Hasta ahí la lectura era: primero nuestro capital político, después
las víctimas. Hubo un cambio –positivo- con el desastre de la Plata, en donde
Cristina aplicó el “no todo es política” y puso el cuerpo, con lo que implica,
puso el pie en la zona de la tragedia. Aguantó los reclamos. Puso la cara.
Todavía había olfato, lectura sobre el humor social. Los muertos por los
saqueos en el interior del país se resolvieron con un baile de la presidenta,
tocando el tambor. Con una sonrisa impune.
Buenas, Coquis.
Soy Coqui.
Perdón, es que…
Para qué llama?
Ah, sí, quería saber
cómo viene la pesificación de la economía.
Qué cosa?
Digo, yo puse todos mis
ahorros en pesos, en la SUBE. Cómo viene la pesificación?
No sé de qué me está
hablando.
Estado amable. Estado a palos. Estado histérico. La derechización del Cristinismo es un hecho y se va a agudizar. La disputa con el ala
derecha se perdió y por goleada. Acá la estatua. Lo único que queda es explicar
la derrota, dolorosa, de un Gobierno que supo tomar las mejores banderas del
Peronismo, con buenas lecturas sobre las nuevas herramientas de la época,
sumando a sectores de izquierda.
Coqui.
Si.
Es verdad eso de que
se viene la derecha?
Mire, somos
instrumentos de Dios.
Espere, eso ya me lo
explicó la vez pasada. Hay algo que me hace ruido.
Qué cosa? Apure que
tengo que hablar con los medios.
Dónde quedaron las
convicciones?
Ah, ehhhh, bueno. Es
sencillo. Hemos decidido dejar las convicciones de lado para poder garantizar la
gobernabilidad.
Cristina decidió abandonar la política –la juventud, los
movimientos sociales, los sectores populares- cuando las urnas la dejaron sin la posibilidad
de seguir en el 2015. Ahí su liderazgo comenzó a diluirse y el verticalismo
duro entró a hacer ruido. Con la última brazada, consiguió convencer a
Capitanich para que agarrara parte del poder que le quedaba. Hoy Coqui ya está
desdibujado. Esto, además, aceleró la disputa por la conducción del peronismo. Lo preocupante es que, en medio de esa
batalla, que siempre terminan mal, no hay medidas para palear la inflación,
perdón, la distorsión en la cadena de valores, que genera, etc. Hoy lo esencial es garantizar el acceso a precios razonables de alimentos, medicamentos y vestimenta. URGENTE!
Espere, le puedo pedir
un favor?
Qué quiere!
Me puede mandar unos
gendarmes?
Para qué?
Tengo mugre organizada
en la cocina.
Felicidades
Algunas de mis columnas que escribo para el diario en donde me pagan al día, tengo ART, obra social y Mas medios más Democracia!!!
1-Quizás porque
2-El poeta de caviahue
3-Mujeres bellas y fuertes
4-El centro Gallego
5-No me importa
6-Mi próximo movimiento
7-Muñecas de Turquía
Diario de un gendarme
Los movimientos sociales están en el aire. No pueden contener la
pobreza, porque, a diferencia de otros años, los alimentos populares están por
las nubes y no parece que vayan a bajar. El gobierno no realizó reuniones para
llevar una canasta popular a las zonas calientes. Si se juntó para armar
cuadrillas anti saqueos con el Sheriff Granado.
Ohhh, sheñor Coqui, grashias por reshibirnos, vinimos con Horashio.
Pasen, quieren tomar una tacita de café?
Shi, por favor, qué lindo el despacho.
Bueno, dialoguemos.
Cuando el Gobierno rompió con Moyano nos anunció lo que se venía. El
líder de la CGT lo dijo claro: no hay más cabida para los reclamos de los
trabajadores. La militancia, que le canta a las palmeras, salió a gritar
su slogan moral y antipolítico: MOYANO TRAIDOR! El cristal cayó al piso y dejó
dividido al mundo sindical. Ahí comenzaba a cambiar la mirada hacia la base
social. Algo que se coronó con Vélez, en donde Laclau, el genio del fútbol
mundial, plasmó sus SIGNIFICANTES VACIOS Y SU MIRADA LACANIANA.
Queremosh el diálogo, el consenso, la pash mundial…
Si, nosotros también.
También queremosh saber qué es eso del PAN DE DIOS?
El plan de Dios.
Ysho entiendo que el Pan está un poco caro, pero llamarlo de Dios, no es
mucho?
El plan de Dios.
El otro día la mandé a Maura, mi mucama, a comprar pan y penshé que se
estaba quedando con el vuelto.
Dios considera nuestro proyecto de vida. Por eso debemos continuar y
ejecutar el plan de Dios.
A partir del 2011 para acá el kirchnerismo se transformó en encuestas y televisión. Devaluando a la militancia al ritmo de ahora. Y demostrando que no hay
ningún tipo de planificación. De repensar el país ni hablar. Manejando
categorías muuuy viejas y truchas, onda facultad de sociales. Rumor social y
revista Caras.
Ahora, en los medios, habla de la inflación
Shi, sino se van a dar cuenta.
Por eso te digo.
Puedo hablar del Pan de Dios?
La guerra con Clarín terminó… con arreglo, gracias al mega ajuste que
están aplicando (próximamente lanzamos DIARIO DE UN GENDARME), conjuntamente
con la oposición, más torpe de la historia, que se relame a favor. Por suerte
en España la cosa está mucho peor...
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