Jacinta



Jacinta es de esas pibas, que tenés que querer, no te queda otra, te ataca, te acorrala, con una cerveza, en algún rincón, de paredes ásperas. Tiene la desfachatez, el código del arrabal, la sonrisa inflamable. Es, Jacinta, una mina que sabe de noches de verano, interminables, a orillas del río, de brazos partidos. Es, Jacinta, amiga mía, de esas que quiero. Compartimos la inconstancia, la capacidad de empezar, de dejar, de tirarnos a la banquina, de reírnos de todo, y de todos. Cuando vuelva brindaremos con copas de plástico, amiga.

Uh, que país!




Siempre que pongo una canción en el facebook –ese lugar hostil, en donde todos creen que están haciendo una revolución, y ponen frases que pueden echar un poco de luz a esa mega sociedad virtual, de la que se sienten parte, y se putean, pero al final de 25 comentarios ponen: yo respeto tu idea eh, soy re democrático- es porque la vengo cantando toda la semana, quizá un mes, la misma, digamos, soy repetitivo. Y generalmente, porque no está a la moda, a nadie le gusta, salvo, siempre hay, por ahí, alguno que se equivoca y le erra a la tecla, viste. Pero la cuestión es que, como a la noche me quedo hasta tarde escribiendo cosas que nunca voy a publicar, lo estoy escuchando a Zamba en un programa de radio. Zamba, tiene en muchas canciones, esa vidriera de los locales de ropa de segunda, están los versos en esas canastas llenas de ropa barata. Es a simple vista marginal, porque se caga en la pomposidad y te mete una canción con tres acordes, o sea, mersa para las chicas de la UBA, que viajan a Miami, y están muy preocupadas por el tema del dólar de Greenpeace, y además, no pueden comprarse más microfibras. Uh, qué país! Tiene canciones, decía, muy profundas, que están por la calle, en los colectivos, pero con tres acordes. Niñas, esa simpleza es la más difícil de conseguir, y también la más difícil de explicar y hacer entender. Y además es mucho mejor que la música que pone mi vecina, que parece se peleo con su novio, y castiga a todo el departamento con canciones de Rosana. Y bue, hay que aguantar todo. Qué país! 

La soberbia de los perdedores


Hace algunos años  -ya la memoria no me ayuda, súmale que, además, me estoy quedando pelado, y con esta soledad, que es muy grande, y que, además, no le importa a nadie- cuando vivía en una pensión, ahí, cerca de la facultad de económicas de la Uba, donde ahora se hizo en la esquina de Córdoba y Uriburu un monstruoso edificio para los posgrados que… bueno, dejemos eso así como está. Pero decía en esos días que la ciudad me cagaba a palos, hoy también, tenía un amigo, que estudiaba en la cama, él, ya era médico, tenía que rendir no sé qué examen para empezar no sé qué cosa, para después poder ejercer, tampoco sé qué cosa, lo que sé es que hoy trabaja, en un hospital en Paraná, creo. De ahí me quedó un enorme respeto por los que estudian en la cama, y Doc, si alguna vez lees esto, te mando un abrazo, grande. Yo en esos años empezaba en este mundo, chiquitito, aburrido, solemne, al que denominan periodismo. Escribía mal, era pésimo, tengo algunas cosas guardadas, los cimientos, las mentiras, jaaa, cuantas. El otro día fui al Congreso, tengo un amigo que trabaja ahí, que también vivió en la pensión conmigo, un gran amigo Carlitos. Trabaja para una diputada K de Jujuy, me dio unos papeles, no dijimos nada de juntarnos porque ambos sabemos que no nos íbamos a juntar (por tiempo, distancia, por cosas importantes, bah, mentira, porqué no sé). La cosa es que escribo esto en el diario, porque me aburro, y ya estoy aburrido, y adivinen… quiero renunciar. No, mentira. La cuestión es que, en estos días, uno mira las cosas de costado, en el cordón de la vereda, donde nadie se atreve a sentarse, porque consideran que es bajarse de status. Pero en esta guerrita, tonta, floja de papeles, en algunas mentes, claramente irreal, son también aburridas. Pero graciosas. El pensamiento binario reinante están estúpido que tiende a homogeneizar todo, y es digno de análisis. Pero decía –y no quiero perder el eje, porque en el divague  la cosa se diluye- esta guerrita que llevan adelante es tan mersa, pueril, que creen, encima, que la están ganando. Cartón pintado. Dentro de esta polarización entre los reaccionarios más reaccionarios que no encuentran el número de los cuarteles y por eso se juntaron en la plaza de mayo a pedir que le dejen comprar dólares para contribuir con la paz mundial, con la ávida y marquetinera defensa del medioambiente, para mandar su dólar a Greenpeace. Esto se le pasó a todo el Kirchnerismo, a toda la prensa. Es para ayudar a Greenpeace la convocatoria, en plaza de mayo, mal pensados. Decía, la soga la sostienen de ambos lados, los defensores de Greenpeace, que quieren liberar a willy, y…. los fanáticos, empedernidos que mueren por sacarse fotititos con los funcionarios de tercera línea y hacer la revolución en las redes sociales. Pobreza por todos lados. Cartón pintado. Lo de Greenpeace y los militontos. Bue, es lo que hay. Pero, ah. En niveles de estructura, digamos que es lo que se pelea –con los errores de implementación, y volvemos a ciertos fracasos comunicacionales de otra época- se está discutiendo la cultura, esa batalla, que no se da en las redes sociales, amiguitos. Esta batalla necesita, de varios componentes más, para que pesificar, sea una opción para la gente de a pie. Mis mayores ahorros los tengo en pesos, y en la tarjeta sube. Que pobreza, niña mía, te mentí cuando dije que colaboraba con Greenpeace y que quería liberar a willy. La discusión tiende a ser estructural, y esa es la batalla más compleja, porque como se dice el hábito es la estructura, estructuralizante, estructuradora. Y cómo jode, cuando te sacan la alfombrita del baño, ja. La cosa viene por ahí, sumada a la unificación del código civil, la posible reforma de la liberal constitución argentina, la reforma de la carta orgánica, bastión del neoliberalismo – que nunca se detiene y hoy está haciendo estragos en europa, junto con el fascismo recalcitrante que está haciendo escala y equiparando adeptos-. Es de vital importancia hacer un balance de las nuevas mesas chicas de poder, las mesas chicas, de las mesas chicas. Brasil es el exponente más grande de América del sur, pero sin la arrogancia de creerse el portavoz de la región. Arma entramados de disputa de poder a EEUU con los países que componen el BRICS (sumaron a Sudáfrica). Argentina tiene un creciente liderazgo en el G-20, levantando la bandera en contra del FMI y de este anarco capitalismo. En este tablero mundial, las variables van cambiando, estados unidos sigue perdiendo peso, China –la revolución industrialista que amasija trabajadores pero crece- va copando el tablero como en el TEG. Tiene capitales en los principales bancos de eeuu, es el que más inversiones tiene en América latina – y acá la pregunta es: Cambia el bastón de América del norte a Asia?- convirtiéndose en el motor de las economías de la región. Dentro de este marco, quizá desolador y poco auspiciado por las pantallas, que solo hablan del dólar en forma aislada, y no hablan de otros países, de las limitaciones para su compra en otros lados más civilizados que este. Por ejemplo Japón pone restricciones del 400% al arroz, comercializa con su moneda, no con dólares, y bue, acá se hace todo mal. El eje estructurador pasa por la alianza con Brasil, la implementación de políticas en conjunto, de medidas paliativas para apaliar la crisis mundial, esa que los muchachitos de Greenpeace quieren vivir porque pasa en europa, o sea, esta re a la moda, pero en este país, que está aislado del mundo y no entiende nada, no la quieren traer a que desfile por estas tierras. Cristina no entiende nada, de nada. Nos deja en manos de la soberbia de los perdedores.       

Un callejón sin salida para Moyano


Por Guillermina Genovese

Publicado el domingo en Edición Nacional

En el medio de la tensión de cara a las próximas elecciones para elegir nuevas autoridades de la CGT, Hugo Moyano se coloca frente a un dilema al enfrentar al movimiento obrero con un gobierno que innegablemente ha devuelto la dignidad a los trabajadores.
La instauración a partir de 2003 de un modelo productivo reindustrializador con inclusión social, orientado hacia el mercado interno y la generación de empleo; la recuperación de las negociaciones colectivas de trabajo – piedra angular de la actividad gremial-; la estatización de los fondos jubilatorios; y la significativa recuperación del salario en la participación de la riqueza, dan cuenta de un proceso social ascendente de recuperación de derechos para los trabajadores y sus representaciones sindicales.
Ahora bien, las tensiones entre el ala política y la sindical del peronismo fueron una constante en la historia del movimiento, traducida en violencia, ayer, reservada a la pura retórica, hoy. Si hay algo que el peronismo ha hecho es decirle a los trabajadores y sus gremios que debían involucrarse en política. El 17 de octubre de 1945 conserva trascendencia en el tiempo no sólo por ser el mito fundacional del movimiento sino también por convertir a los trabajadores en actores políticos. Por ello, las aspiraciones del líder de la CGT de trasladar su actividad gremial a la esfera política no resultan ajenas. Pero en esta decisión, el titular de la central obrera pretendió dejar de ser un aliado del kirchnerismo para convertirse en su socio, una pretensión que ya tuvieron otros dirigentes sindicales –Cipriano Reyes y Vandor, en distintas épocas - en la larga historia del movimiento obrero organizado y su relación con el peronismo. Lo cierto es, sin embargo, que el movimiento nunca aceptó el doble comando, por lo que la estrategia disruptiva planteada por Moyano lo conduce inevitablemente a un callejón sin salida.
Si bien la práctica política corre por terrenos que suelen distar de la lógica teórica, en la comparación del kirchnerismo con la década menemista realizada por Moyano, la conducción sindical vuelve a dar un salto al vacío. Si bien los reclamos de la CGT, principalmente la eliminación del mínimo no imponible al salario, son demandas justas para el conjunto de los trabajadores, el líder de camioneros no puede asimilar seriamente a la “sintonía fina” del kirchnerismo a las políticas de ajuste de la década menemista. Se trata de una lectura demasiado inexacta e inapropiada para alguien que no solo conoce a la perfección el paño político, sino que también ha sido el representante de la resistencia sindical a la reforma estructural de los noventa. 
En este escenario de ruptura, que describe un punto de no retorno en su relación con el Gobierno, Moyano deberá demostrar que cuenta con la suficiente fuerza para continuar al frente de la central obrera sin el apoyo del kirchnerismo. Habrá que esperar a la resolución de las internas para acercarnos a un escenario más o menos definitorio, pero todo indicaría que la CGT va a camino a la fragmentación, un proceso que tendría no sólo consecuencias para la representación gremial y su vínculo con el gobierno, sino que implicaría un debate mucho más profundo sobre el modelo sindical argentino.

Lic. Guillermina Genovese

El kirchnerismo y la oposición

El entramado político dispuesto está muy calmo. El Kirchenirsmo está solo, con toda la cancha a su favor. Entre sus mayores logros se encuentran haber podido desparramar a la oposición y hacerla caer en un discurso apocalíptico. El antagonismo, claro, duro, por ideología, es el  Macrismo. El Pro, en su conformación, todavía sigue siendo un partido vecinal, con un fuerte anclaje en capital federal y muy poco en el interior. La falta de astucia a la hora de hacer alianzas -y la anomia territorial- lo dejó aislado en capital federal. Macri al ser lo antagónico, construye su discurso desde la visión pospolítica. Esta visión llama constantemente al diálogo, al trabajo en conjunto, al consenso. Niega lo político, la contienda, digamos, las luchas de poder, y la disputa por el sentido. Lo solapa, pero, a la vez, no ejecuta ninguna de esas premisas. Un ejemplo fue el modo orgánico en el que el Pro votó negativamente el interés público de YPF. Esto muestra que los mismos dirigentes del gobierno de la ciudad dicen pero no hacen lo que dicen. Lo que se destaca de esta jugada en el plano político es la posibilidad de diferenciarse del resto. Cuando hay consenso, no hay alternativas reales, es, en cierto modo, todo lo mismo, porque las líneas divisorias no son claras. Y en el caso de YPF, la oposición se unificó de forma hegemónica detrás del proyecto impulsado por el poder ejecutivo. Esa diferenciación, jugada por Macri, puede resultar positiva según cómo funcione la estatización. Esa es una apuesta a futuro, que, además, juega con el estado de ánimo de la sociedad. La sociedad antes avaló la privatización, y hoy avaló la estatización. Se entiende en el plano cíclico. Siguiendo con la oposición, la segunda fuerza en la argentina todavía es el radicalismo. Hoy un tanto dividido, en busca de una renovación dirigencial y, a la vez, en busca de redefinir categorías. Las tensiones internas tiran para diferentes lados. La línea representada por Oscar Aguad, con vínculos con el Macrismo, o la línea de Leopoldo Moreau, un tanto más mesurada. El que quedó desplazado fue Ricardo Alfonsín. Luego queda el Frente Amplio Progresista, que juega su papel en la  centroizquierda. El problema para los de Binner está en que, ese espacio, está ganado ampliamente por el oficialismo, y en ese terreno no posee lugar. Si este gobierno termina mal, resultaría difícil que optara por algo parecido. Así está el tablero hoy con vistas al 2015. Surgen los interrogantes en cuanto a la oposición. ¿Cómo puede la oposición generar una alternativa al kirchnerismo? ¿Qué significantes vacios pueden unificar a la oposición en un mismo rumbo forjando un bloque o coalición? ¿Cómo puede construir el nosotros/otros? La principal crítica del discurso opositor, y que, a la vez los unifica, es la crítica liberal-republicana. Ese terreno, el gobierno, lo ha dejado desolado. No por falta de méritos, sino por no utilizarlo en el plano discursivo. En su conformación, el Frente para la victoria, posee elementos Liberal-republicanos, pero no los enarbola, los relega.  Algunos ejemplos: la defensa de los derechos humanos, la caída de la figura de calumnias e injurias, las internas abiertas y simultáneas y la equiparación de publicidad en las campañas. Esos son elementos claros, contundentes, Liberales-Republicanos. La oposición puede tomar ese significante vacío, y lograr una conjunción, elaborando un discurso más rico, y a partir de ahí marcar la diferencia nosotros/otros. Pero el problema no se reduce a dicha construcción, sino a  las vanidades de los líderes de las principales fuerzas opositoras. La alianza más potable puede surgir entre el FAP y el radicalismo. En cuanto al peronismo, es muy difícil que se una con Macri. El peronismo posee demasiadas alternativas dentro de su partido. Resulta complejo pensar que la oposición para el 2015 no salga del propio Kirchnerismo. También está el desafío que representa la creación de un nuevo sujeto político en el oficialismo. Todo está por verse.

Bonos de tristeza


En mi pantalón tengo papeles, sueltos. Llevo, por la avenida Belgrano, una carretilla, repleta de escombros, con culpa. Hay desiertos, hay, en el medio, baldíos, en el centro. Baldíos en donde me siento, a rascarme la nuca, a soltar una lágrima. Con muy poco, casi nada, con esta calma impaciente, con los jardines de Quilmes, con la prosa cansada. Se emiten, en los baldíos, bonos de tristeza, un beso en la mejilla, un olvido, que sabe a tierra. Escupen  miradas indecentes, a las cuatro de la mañana. Hay pobreza, hay pibas con las manos muertas. Hay pibas, con la frente arrugada, gastada a golpes; pibas, pibitas, que revuelven el futuro, con la mirada huidiza. Hay paredes ásperas, con contornos negros, con la liquidez, con las manos atrás. De eso no se habla. Hay repetición. Hay cabezas gachas. Hay cordones. Hay veredas. Hay tristeza. Hay Baldíos. Hay pibas, pibitas, que revuelven el futuro, con la mirada huidiza, con las manos muertas. De eso no se habla.

Los corazones y avenida Belgrano




Por avenida Belgrano, voy y vuelvo del diario. Es una avenida ancha, tiene en sus veredas un cemento alisado verde, que hizo Macri para la reelección. Igual esa no es la cuestión. La cuestión es la avenida, que siempre lleva a parejitas agarradas de la mano, paseando a perros, que dicho sea de paso, se cagan en todo eso. Porque cagan, claro. Pero el amor, que transita avenida Belgrano, es líquido, bah, no solo en avenida Belgrano, en todos lados, pero en especial en avenida Belgrano. Si, repito porque se me canta. La cosa es líquida, como la moneda que busca la parejita de avenida Belgrano, que se le cayó y la encuentran y son felices. Es liquida, al calor, es liquida. Esa avenida, la Belgrano, se vuelve liquida, siempre, porque se inunda, se llena de agua, rebalsa, se vuelve líquida. Pero el problema es que nadie repara en eso, todos leen las tapas de los diarios en avenida Belgrano y siguen paseando a los perros. Los perros entienden mejor las cosas, entienden la liquidez de la cuestión, y se cagan en esa liquidez, y también en los grandes portales, y las grandes iglesias, van y las cagan bien, y claro, también se cagan en la avenida Belgrano. Pero esa no es la cuestión acá, el problema, o el denominador común es la liquidez. El problema no es de la parejita que pasea por avenida Belgrano, no, señora mía, no. Y tampoco de los perros. El problema es de los corazones, ja. Esa no la esperabas. Claro, los corazones transitan la avenida Belgrano, y saben de la liquidez, la saborean. Los corazones, niña mía, viven de esa puta liquidez. A ver cuantas veces dije liquidez y avenida Belgrano?, saca la calculadora. Vuelvo, no quiero perder el hilo. Bueno, en qué estaba. Ah, sí, la liquidez y los corazones. Digamos, los corazones tienen un problemita, hoy, claro, concreto. Los corazones no se limpian con agua, como la avenida Belgrano, como la mierda de los perros, o la moneda del orto que encontraron la parejita, de avenida Belgrano. Los corazones se limpian con sangre. Con su puta liquidez. Y la sangre, es contradictoria, como pocas, va y viene, no se decide, se sienta en un cordón a esperar, sin reloj, después irrumpe, rompe los portales, las iglesias, las avenidas, puede ser la avenida Belgrano,  irrumpe y se lleva todo puesto, y quizá se lleva puesto a la parejita de avenida Belgrano, que estaba feliz porque había encontrado la monedita, los diez centavos, debajo de un pedazo de mierda.  En esa liquidez de la sangre, es cuando uno comete los peores errores de su vida, y manda todo a la mierda, y putea al perro que se cagó con liquidez en la avenida Belgrano, y la monja que baldea la iglesia de la avenida Belgrano. Esa liquidez no entiende de razón.  La conoce, tiene la dimensión de su adversario, la mide, pero no la cree verdad, no son compatibles, y ahí es cuando todo se va a la mierda. Y la avenida Belgrano se inunda, flota la mierda, y la monedita de diez centavos se pierde, y la parejita muere ahogada. Muere ahogada por la liquidez, ¿se entiende?. Y la sangre se anota una victoria más, y surgen las derrotas,  y las sogas se llenan de corazones, que quieren secarse al sol, en la avenida Belgrano. Hoy cuando volvía del diario por la avenida Belgrano, una parejita buscaba una monedita de diez centavos, un perro cagaba en la puerta de una iglesia, una de las esquinas de la avenida Belgrano estaba inundada. 

No puede ser, esta ciudad es de mentira




DEL BLOG DE CECILIA:

Decidí venirme a vivir a Buenos Aires de un día para el otro. Estaba pasando por ese momento en que sentís que nada de tu vida te pertenece.
Desperté un martes o miércoles o algo así y dije "Me voy a vivir a Buenos Aires".
Me había recibido hacía unos meses, estaba recién matriculada, trabajaba para un abogado casi gratis, tenía un departamento confortable, arrastraba una relación que no funcionaba hacía más de dos años, ya me había leído toda mi biblioteca al menos tres veces, había recorrido todos los lugares copados de aquella ciudad. Nada que me sacuda. Entonces es cuando el cuerpo te avisa: te tenés que ir.
Repartí los muebles y regalé la mitad de mi ropa de manera que toda mi vida entre en dos valijitas y un bolso de mano. Elegí los libros más chicos, llevé los demás a lo de Martín. Saqué un pasaje de ida, y me fui.

Llegué a la casa de una chica, que muy amablemente me dijo que tenía una habitación desocupada, que venga y me sienta cómoda hasta que me instale definitivamente. Todo transcurrió genial, entre entrevistas laborales, una que otra fiesta, caminatas interminables con una Guía T en mano, personas nuevas.
Un mal día, ella decidió que su vida le había dejado de servir. Pero en lugar de irse, la quiso dejar. Yo volvía de tomar unos mates cuando me encontré aquel escenario de intento de muerte, llamé a los profesionales y terminamos aquella noche y las próximas dos semanas yendo y viniendo a una clínica psiquiátrica. Allí estaban ellos, los locos. Locos de todos los colores, con la tristeza como lugar común. Nadie quería estar ahí, ni ellos ni nosotros (las visitas). Sin embargo, todos los días a las seis de la tarde llegábamos, hacíamos mate y nos sentábamos en ronda a hablar de trivialidades como si nada hubiera pasado y todo fuera natural. Me contaban historias, la mayoría absurdas. Me explicaban cosas fundamentales, como que los pavos reales son de la realeza.
Así estuvimos, hasta que mi roommate se fue de la ciudad, yo de su departamento y nunca volví a saber de la clínica ni de los locos.

Cuando llegué conocí a un chico que tenía una sonrisita tonta. De pronto me vi escuchando jazz a los besos en Thelonius, abrazados en el cine mirando La piel que habito, caminando de la mano por Corrientes algún viernes a la noche. Después simplemente alguna ficha no encajó lo suficiente y dejamos de hablar. Esas cosas pasan en todas las ciudades.

Cuando me fui del primer lugar, me fui al departamento de Flor. Desde que empezó todo el circo, ella me decía que me tenía que ir. Que ella tenía un cuartito, que iba a estar mejor. Y tenía razón. Limpiamos el cuartito, pusimos mis cosas, nos tomamos un vino y nos hicimos amigas.

En un par de semanas conseguí trabajo y al fin hice las paces con la ciudad.
Aprendí a andar en subte, descubrí el mapa interactivo que desplazó a mi Guía T porque te dice cosas como "Camine desde . . . párese en la parada del autobús, deténgalo, suba, inserte una moneda. . .". Descubrí que era cierto aquello de que Buenos Aires es la ciudad que nunca duerme. Entendí que todos están muy solos, y que es probable que se deba a que son demasiados y los trechos son largos. Los trechos afectivos, claro. A los otros se los saltea como si nada. Descubrí también la música indie, la moda hipster; aprendí a usar palabras como "random" o "border" y esas yerbas. De a ratos los veo en bloque, como si todos fueran "cool"y listo. Sin embargo, la simpleza que acarreo de haber nacido en un pueblo de diez mil habitantes me permite verles los detallitos especiales, originales que los hacen bonitos y hacen que cualquier chica crea en las personas.
Todavía descubro cosas cuando camino. Como lugares que son spa, pero también restó, pero también librería y al final del pasillo cabaret. O como personas que duermen en la calle, pero frente al televisor. A veces me digo aquello que decía Benedetti "No puede ser, esta ciudad es de mentira". Pero entonces un porteño calentón me grita que soy una mogólica y que casi lo piso, y entonces vuelvo a tierra y sigo caminando.

Estoy enamorada de esta ciudad. No tengo un lugar propio, tengo muy pocas pertenencias. Mi ropa no tiene nada de indie o de hipster o lo que sea. No hablo inglés y googleo las traducciones para saber de qué están hablando. Y estoy bastante sola, claro. Pero estoy segura de querer estar acá, de seguir caminando las callecitas de Buenos Aires que tienen ese qué se yo...de seguir cruzándome con chicos de sonrisas tontas, o de pestañas bonitas, o dulzura impecable.

No fue fácil elegir quedarme. Pero la vida es un montón de decisiones, y yo prefiero abrazar las que tomo. Abrazar la ciudad.

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Big bang


Yo cruzaba toda la ciudad, primero tomaba el subte, después un colectivo. Era invierno, caminaba por la plaza helada, doblaba en una esquina, compraba en un kiosco. Me acuerdo que vos me decías que entendías eso de la arquitectura de la mentira, que tenía sentido, pero no era todo. Si para lo formativo, para el inicio, pero no para todo el bagaje. Ponías el agua, fumando, me ofrecías un café. Yo te explicaba eso de tomar los elementos, unificarlos, desembocar en otra cosa; un significante con múltiples significados. Vos mucho no creías en eso. Siempre que te mostraba algo sabía -siempre- que lo ibas a pulir, sin rodeos, a fondo, marcando el estilo, sin eufemismos, tachando, con una lapicera roja. Vos escribías bien, demasiado bien. Eso me gustaba, crecía leyéndote, aunque no me dejabas. Muy poco pude leerte, tenías espesura, te deslizabas de línea en línea como huyendo de algo, de alguna historia inconclusa, con una musicalidad inalcanzable. No me dejabas leerte porque decías que no era objetivo, que no eras idiota; sin mirarme, olías mi obsecuencia, yo me reía. Me decías que tenía que llegar al chan-chan de mi tango, que a veces lo silbaba demasiado fuerte, otras bajito, fuera de tono, con la mirada pérdida. Que en ese pozo donde yo creía tirar escombros, miles de escombros, no tiraba nada, solo papelitos, bollitos, cenizas; que el edificio que yo creía estar construyendo era insípido, vacío, un armazón de arena, que podía pararlo, mirarlo por un rato, unos días, pero no iba durar mucho, quizá una semana, dos, un año, con suerte, pero se iba a caer. Ponías música alta, te acomodabas el pelo, sin soltar el cigarrillo. Seguías leyendo, pensabas, ironizabas, te reías, tomabas un poco de té. Siempre el mismo freno, la misma imagen, el mismo recurso, sin llegar al fondo de la cuestión, lo volvía lento, predecible. Así andaba, predecible por todos lados, repetitivo. Nunca ganaba una discusión, siempre retrucabas todo, y con énfasis ganabas. Y sabias que cuando yo te decía algo serio estaba mintiendo, sabías que no creía en eso, que era un artilugio que usaba de memoria, como cuando me rascaba la nuca. Decías que me sentaba bien la primera persona, que no me gustaba ser extra, que para eso tenía que correrme, hacerme a un lado, mirar cómo se armaba la escena, escuchar el ritmo, y que yo no me iba a rebajar a eso, por terco, obstinado. Y claro, tenías razón, yo estaba obstinado, con el bocho en otra, buscando atar lo suelto, agarrando cada parte, haciéndole un nudo, probando, dejando. Eso ya no era lo mismo, era discontinuo, y yo estaba convencido que sí, que con solo atar las partes se podía seguir camino. Y en realidad me estaba atando los zapatos, solo eso. Siempre te dije que lo que más me gustaba de tus líneas era cómo llevabas la tensión al mango, y en unos instantes, le rompías la cabeza al que leía, con algo de otro planeta. Ese Big-Bang que armabas, intenso, explotaba en un momento impensado. Y qué quilombo hacías, eh! Bien tuyo y de nadie más. Todo volaba por el aire, no te daba tiempo a cubrirte, porque no lo veías venir, yo no lo vi venir. Te reías a carcajadas limpias, cuando te decía eso del Big-Bang, te revolvías el pelo, te pintabas las uñas.

las cosas salen


Qué esperanza tienen los que escriben un poco todos los días y esperan un rayo, un trueno, algo que ilumine un par de líneas o ninguna. Acá en Balvanera tengo un balcón con un par de plantas, algunas murieron por torpeza mía, otras siguen firmes, a veces me acuerdo y las riego, a la noche, a la madrugada. Yo soy de esos que esperan un rayo, un trueno, mientras tomo un mate o leo alguna novela. Siempre voy pidiendo perdón, a todos lados, creo en los abismos, y en los caminos de polvo. Me arrepiento, porque siempre que pasa el tiempo, uno se arrepiente de lo que no dijo, de las frases, de las miradas que no registre, y después es tarde, siempre es tarde. En el medio me voy distrayendo con otras boludeses, que nunca suman ni restan pero incomodan. Y ahí en ese punto, pienso, escribo, borro, leo, descifro, intento, me quedo a un costado, las cosas se acomodan, con el tiempo, y nunca salen de una, pero salen. Lo pienso cuando salgo del diario. Y cruzo a los radicales, los carros de los cartoneros, los actores, y doblo la esquina, por Entre ríos. Subo a un taxi que tiene olor a pino, digo la dirección equivocada, la cambio varias veces, me bajo a la cuadra. Voy cambiando sobre la marcha la táctica, el planteo. No me conformo, nunca. Me putean, acepto lo recibido, me rio, me puteo. Me levanto a la madrugada con los gritos de los borrachos de abajo, que arrancan a las piñas y siguen hasta que uno muera o se vaya, con las botellas que estallan y la cana que llega a repartir, y reparte, sin mezquindad. Y ya no puedo dormir, pongo la tele, el noticiero, muere gente, alguien gana la quiniela y no se presenta, y eso, apago, prendo la luz del escritorio, preparo el día, pongo música. Las cosas salen, je.

A nadie le importa lo que digas Tu casa ahora está a oscuras  Las cosas cambian,  Se modifican. La construcción mental que te mantenía en ca...