La cosa es sencilla, los diarios han muerto, señora. Digamos, tienen ya los días contados. Eso discutíamos ayer, en el diario, donde trabajo, señora, si, de algo hay que vivir. Decía de eso hablábamos con Gustavo, uno de mis compañeros –con quien pensamos robar un banco, la idea es de él, pero yo me acoplé, hablamos de robarnos un palo (no, señora, no avise a la cana), y obvio, si hay una jubilada, le vamos a pegar, para que después aparezca en crónica, y la gente indignada, diga: Qué barbaridad, este país!- de redacción. Digamos, la cosa va tomando volumen, y, para que se entienda, ya estamos del otro lado del puente. No hay transición, ya está. Este traspaso –que ya sucedió- comienza a notarse, no ya solamente en los grandes medios de la capital portuaria, sino en las provincias del interior, y pequeño detalle, en las más conservadoras. Eso es lo que indica la muerte del papel. Que diarios con estructuras chicas, ya tengan una redacción –no paralela- pero con más de tres redactores encargados de una página web actualizando lo más que se pueda, marca el horizonte. Hay que tener en cuenta varios factores que, al profundizarse el camino, comienzan a mover las estructuras del periodismo y sus lectores. Un ejemplo de las páginas web, me había olvidado de ponerlo arriba, es la del diario El Litoral de Corrientes, en la que está encargado mi amigo Seba (ya vamos a hacer la revolución de los vasos azules, es una cuenta pendiente). Convengamos que, además de los cambios que produce en el periodismo, lo digital produce, o trae consigo, un cambio en el marco de lectura. Lo digital viene a romper con la linealidad estática del papel. Ese bodoque que en 40 líneas viene a explicar la realidad. Anda a vendérselo a un pibe que nació con una neetbook, se te caga de risa. Esos bodoques ya no los lee nadie, ni mi abuela. Bueno, esa ruptura de la linealidad, aclara la fragmentación de la realidad, y el hipervínculo, vendría a ser como esas noches en la que uno no tiene un plan y sale, sin campera, y termina en cualquier lado, es decir, puede pasar cualquier cosa. Bueno, eso es el hipervínculo, empezar leyendo algo de política y terminar leyendo sobre la segunda guerra mundial según San Lucas (je). Son puertas y puertas, quien va a ser tan pelotudo de quedarse con una puerta y que no le ande el picaporte (el diario de papel), nadie. Lo que también ayuda a este progreso es el nivel de conectividad alcanzado a lo largo y a lo ancho del país, conjuntamente con el programa conectar igualdad, vos siempre a favor del gobierno, no mirás a Lanata. No señora, me cortaron el cable. Ese reparto de netbooks, ayuda para que, viejitos dueños de medios en Catamarca, se aviven para dónde decanta el negocio. Los de mi diario todavía no la agarraron y no tenemos página web. Igual estamos en eso, dicen, ja. Qué más iba a decir? Ah en un año me quedo sin trabajo, claro, porque, según mi tesis, no va a haber más diarios, y también hay que ver cómo se resuelve la aplicación total de la Ley de Medios. Y eso es todo.
El vagabundo que está llamando a tu puerta tiene puestas las ropas que tú llevaste una vez. Colaboraciones alias: fedepits
Aclarar
Era, la chica de la estrella, en la nuca. De miradita corta, solapada, con un flequillo encantador. Era, la chica de la estrella, como si fuera redundante, como si hiciera falta, aclarar. Era como decir dos veces hola (hola), tenía, el andar desfachatado, como me gusta decir desfachatado, como si fuera un elogio –desfachatado-, como si hiciera falta aclarar. Una estrella de caminos de pavimento, ya no hay, en esa estrella, calles de tierra, tampoco quedan faroles en las esquinas. Era la desbocada esperanza de abrazar cinco diagonales, como si hiciera falta aclarar, no había nada que aclarar. La estrella de la estrella. La mirada con candor de viento, de gorriones, perdidos, una estrella rustica, de almacén. Pero su mirar era bajito, de baldosa, de terraplen, como si hiciera falta aclarar. Aclarar qué. Las cosas no se tienen que aclarar nunca, se tiran al aire, como una escupida, sobre el andar, el que lo agarra, lo agarra. Aclarar qué. Se fue perdiendo con los días mi visita a la estrella, ya no era posible, una estrella, tiene poco tiempo de vida, encandila, se esfuma, no avisa, desaparece. Seguro por el estupor, andará por otros lados, se canso de lo berreta, de las calles sin árboles. La chica de la estrella en la nuca, con su mirada cortita y un pelo largo como una ruta vacía, interminable, en verano, con agua en el medio, sin carteles, sin publicidad; no la necesitaba, se abría paso, al contado, sin cuotas. DESFACHATADA. Por los caminos, de nubes frescas. Como era eso de aclarar, ja, aclarar. En la mañana con los ojos cansados, con el agua del día rutinario, infiel. Sin comas, sin comas, te aclaro, no puedo.
Congreso era ese barrio, y es, y seguirá, y será, la puta madre, siendo un barrio de viejos. Tiene un olor a viejo impregnado en su nariz. Salen a pasear sus cadáveres, señora, de corazón, no quiere que le llame a la parca, son dos segunditos, en serio, la llamó y terminamos con todo esto, déjese de joder, qué quiere más pastillitas, quiere hablar de los médicos con Martita, señora déjese ayudar, tengo crédito en el celular, son dos segunditos señora, se le cae la vida por el costadito, tiene la carrocería cansada, déjese de joder, ahí tengo tono, si, acá, una señora, quiere verla, anote la dirección.
Será que nunca fuiste mi estrella, esa nuca. Será que viajabas por los andenes, por la risa incansable, lo único que quedaba, la risa, y mis comas, irreconciliables, por leer al turco Asís, hijo de mil puta, no puedo dejar de leerte, con tus turradas, y esa desfachatez, DESFACHATEZ, increíble como escribís Rodolfo. Será que yo estaba cansado, por los viajes, y mi bolso azul, y esa pensión de mierda, con pibes barbaros, y dueños que veraneaban en Miami. La juntaban en pala, la concha de su madre. Yo me cansé, creí, ingenuo, y chau. A la fácil, a la banquina, o eso que me gusta a mí, esa obsesión, esa idea tan chiquita, esa pasión y ganas, increíbles, de retratar todo, en un cordón. Esos cordones de los que tanto hablo, casi siempre, como si a alguien le interesara. En un principio, es una idea vaga (lo vago siempre está de mi lado, eso que están denostado por las viejitas, que la tengo arriba hablando con la parca, ya va a ver esa vieja, era la hora, dale que se me acaba el crédito), pero que me fascina descubrir, plantear, los cordones y las ilusiones, los cordones marginales, bajar, un poquito, con lo que implica, bajar. Poner un poquito el ego a la par, libre de deudas, libre de escombros, de carretillas de culpas; esos baldíos de esperanzas, bajar, fumar un cigarrillo en el cordón. Caer en la cuenta, lo único que vale, recapitular, en un cordón, con un vaso de cerveza, mi chica de estrella, de miradita entrelazada, con el pelo revuelto, perdido, por el viento.
Señora ya vienen por usted, se acabó, la dejo acá, no se mueva, ya vienen. La parca es puntual, es así la hija de puta, con esto no se jode, viene y listo, a otra cosa. Yo llego tarde al trabajo, nos vemos arriba, fue un placer, se terminó su paseíto diario, las pastillitas, Martita, y ese olor a viejo, ya está, listo. No más reuma, dolores en la rodilla, peleas en la cola de jubilados, listo, ya está. Ahí viene, chau.
Erro un par de llaves, pruebo varias veces, la cosa así no va, me digo, enojado. Firmo una planillita, pongo mi hermosa firma, como si estuviera firmando un autógrafo, como si fuera una estrella de rock, alguien importante, vamos de a poco, les firmo a todos, esperen. Prendo la máquina, pienso en lo que no publico, que guardo con ganas, pienso que es bueno, eso. Pienso, mentira no sirve de nada, es una porquería, no lo público porque es una porquería, sencillo. Pongo el agua para un té, empiezan a llover los cables, lo de siempre, la rutina, la oficina, dentro de todas, la menos agobiante. Llaman de Catamarca, si hermano, hoy vamos con cuatro, si, cuatro.
Dejaste la facultad, como se dejan las cosas, sin aclarar. Dejando de escuchar a profesores frustrados, atrincherados en sus escritorios. En esa impunidad de decir estupideces, pagas, con la seriedad, con anteojitos, con la camisita abotonada hasta arriba, con el librito amarillo. Ja, aclarar. Las cosas se dejan, sin boletas, ni recibos, sin una firmita acá, y ninguna aclaración. Eso es para munditos chiquititos, que andan sueltos, que suben al subte, sueltitos de ropa, escuchando música, encerrados en sus munditos, chiquititos. Con los pies atados, de a saltos, con sus caras dormidas, en las vidrieras con rejas. Aclarar, ja, cuanta risa, aclarar. Firme aquí, señor mundito, si puede, la próxima que sea más chiquitita la firma. Aclarar, es joda.
De algo hay que vivir, y la repetición está al alcance de la mano. Como un maso, que se tira todos los días y siempre las mismas cartas, las mismas caras, un caballo, pero que, con el tiempo, se va cansando, porque no se aguanta siempre la misma escenografía, el mismo teclado, la misma pantalla, la misma publicidad, la misma alfombra, con lamparones de agua, manchas negras. Un maso, encima marcado.
Perdí tu número, perdí tu nombre, tu apellido, el viaje en tren, lo perdí alguna noche, sentado, en un bar, de Congreso, con un increíble olor a viejo, que merodeaba, que cercaba los días, como haciéndose dueño, como desafiando.Perdí el pasado, en una bocacalle, dando vueltas, en falso, en u. Lo único que queda es el cielo negro, espeso, con nubes, algún pronóstico negativo, no va a aclarar, aclarar, ja, aclarar, con esa estrella, no hace falta aclarar.
Munditos chiquitos
Hace tiempo que no escribo de corrido, derecho. Hace tiempo que, también, no vuelvo a ciertos lugares. Hay que pegar, en los caminos sinuosos -quizá porque las cosas se dan así- portazos. Mandar a todos a la mierda. Para no cambiar, para no dejar de ser uno. Para, también, no embarrarse en las guerritas de casilleros. Encapricharse. Dejar espacios. Devenidos en pantanos. Irse. Así, con la frente en alto. Con las manos en los bolsillos. La historia después la manipulan, la cambian, la sacan, y se acabó. Es así, se acabó. Porque uno, simplemente, no quiere rebajarse a la pelea en mundos chiquititos, con mundos chiquititos. Esos que andan por la vida con el puñal en la mano, la palmada de la falsedad, caminando de asaltos, con un solo pie, porque no pueden meter los dos en las baldosas de sus mundos, porque se caen, de tantas agachadas, de tan pelotudos. De a poco ciertos guiños ya son moneda corriente. Lo pienso cuando pongo el agua en el diario. La hoja en blanco, la publicidad pegada. Y esos mundos chiquititos te persiguen por todos lados. Y hay que negociar con su histeria, con sus chicanas, con las expensas impagas, con la soberbia de los perdedores, con los techos grises donde caen los días. Hay que negociar con la gente ya vencida, que no quiere más, que tienen la mirada gastada, con la espalda encorvada, en las avenidas, y las manos atrás. Cigarrillo mediante. Hay que negociar. No queda otra. Con los puntos, las comas, con las oraciones, con las ganas de renunciar, de tirar todo a la basura. Y en cada tira y afloje, se pierde siempre un poco de frescura. Esa frescura conseguida en una discusión de borrachos. Con los amigos que no veo hace tiempo, brindo por ellos. Los tipos despreciables, con la picardía de la impunidad, con la muerte de los despachos, los números internos. Hay que negociar. Y reírse a carcajada limpia de todo eso. Burlarse de sus munditos, porque uno no quiere negociar para entrar en eso. Uno quiere negociar para no cruzarlos por las calles, por los bares, los cordones, los colectivos. Uno prefiere negociar para no compartir la astucia que predican, los caminos estrechos. La avaricia de sus miradas, lo privado de sus odios, sus pasiones por lo mezquino.
Jacinta
Jacinta es de esas pibas, que tenés que querer, no te queda otra, te ataca, te acorrala, con una cerveza, en algún rincón, de paredes ásperas. Tiene la desfachatez, el código del arrabal, la sonrisa inflamable. Es, Jacinta, una mina que sabe de noches de verano, interminables, a orillas del río, de brazos partidos. Es, Jacinta, amiga mía, de esas que quiero. Compartimos la inconstancia, la capacidad de empezar, de dejar, de tirarnos a la banquina, de reírnos de todo, y de todos. Cuando vuelva brindaremos con copas de plástico, amiga.
Uh, que país!
Siempre que pongo una canción en el facebook –ese lugar hostil,
en donde todos creen que están haciendo una revolución, y ponen frases que
pueden echar un poco de luz a esa mega sociedad virtual, de la que se sienten
parte, y se putean, pero al final de 25 comentarios ponen: yo respeto tu idea
eh, soy re democrático- es porque la vengo cantando toda la semana, quizá un
mes, la misma, digamos, soy repetitivo. Y generalmente, porque no está a la
moda, a nadie le gusta, salvo, siempre hay, por ahí, alguno que se equivoca y
le erra a la tecla, viste. Pero la cuestión es que, como a la noche me quedo
hasta tarde escribiendo cosas que nunca voy a publicar, lo estoy escuchando a
Zamba en un programa de radio. Zamba, tiene en muchas canciones, esa vidriera
de los locales de ropa de segunda, están los versos en esas canastas llenas de
ropa barata. Es a simple vista marginal, porque se caga en la pomposidad y te
mete una canción con tres acordes, o sea, mersa para las chicas de la UBA, que
viajan a Miami, y están muy preocupadas por el tema del dólar de Greenpeace, y
además, no pueden comprarse más microfibras. Uh, qué país! Tiene canciones,
decía, muy profundas, que están por la calle, en los colectivos, pero con tres
acordes. Niñas, esa simpleza es la más difícil de conseguir, y también la más difícil
de explicar y hacer entender. Y además es mucho mejor que la música que pone mi
vecina, que parece se peleo con su novio, y castiga a todo el departamento con
canciones de Rosana. Y bue, hay que aguantar todo. Qué país!
La soberbia de los perdedores
Hace algunos años -ya la memoria no me ayuda, súmale que,
además, me estoy quedando pelado, y con esta soledad, que es muy grande, y que,
además, no le importa a nadie- cuando vivía en una pensión, ahí, cerca de la
facultad de económicas de la Uba, donde ahora se hizo en la esquina de Córdoba
y Uriburu un monstruoso edificio para los posgrados que… bueno, dejemos eso así
como está. Pero decía en esos días que la ciudad me cagaba a palos, hoy
también, tenía un amigo, que estudiaba en la cama, él, ya era médico, tenía que
rendir no sé qué examen para empezar no sé qué cosa, para después poder
ejercer, tampoco sé qué cosa, lo que sé es que hoy trabaja, en un hospital en
Paraná, creo. De ahí me quedó un enorme respeto por los que estudian en la
cama, y Doc, si alguna vez lees esto, te mando un abrazo, grande. Yo en esos
años empezaba en este mundo, chiquitito, aburrido, solemne, al que denominan
periodismo. Escribía mal, era pésimo, tengo algunas cosas guardadas, los
cimientos, las mentiras, jaaa, cuantas. El otro día fui al Congreso, tengo un
amigo que trabaja ahí, que también vivió en la pensión conmigo, un gran amigo
Carlitos. Trabaja para una diputada K de Jujuy, me dio unos papeles, no dijimos
nada de juntarnos porque ambos sabemos que no nos íbamos a juntar (por tiempo,
distancia, por cosas importantes, bah, mentira, porqué no sé). La cosa es que
escribo esto en el diario, porque me aburro, y ya estoy aburrido, y adivinen…
quiero renunciar. No, mentira. La cuestión es que, en estos días, uno mira las
cosas de costado, en el cordón de la vereda, donde nadie se atreve a sentarse,
porque consideran que es bajarse de status. Pero en esta guerrita, tonta, floja
de papeles, en algunas mentes, claramente irreal, son también aburridas. Pero
graciosas. El pensamiento binario reinante están estúpido que tiende a
homogeneizar todo, y es digno de análisis. Pero decía –y no quiero perder el eje,
porque en el divague la cosa se diluye-
esta guerrita que llevan adelante es tan mersa, pueril, que creen, encima, que
la están ganando. Cartón pintado. Dentro de esta polarización entre los
reaccionarios más reaccionarios que no encuentran el número de los cuarteles y
por eso se juntaron en la plaza de mayo a pedir que le dejen comprar dólares para
contribuir con la paz mundial, con la ávida y marquetinera defensa del
medioambiente, para mandar su dólar a Greenpeace. Esto se le pasó a todo el
Kirchnerismo, a toda la prensa. Es para ayudar a Greenpeace la convocatoria, en
plaza de mayo, mal pensados. Decía, la soga la sostienen de ambos lados, los
defensores de Greenpeace, que quieren liberar a willy, y…. los fanáticos,
empedernidos que mueren por sacarse fotititos con los funcionarios de tercera
línea y hacer la revolución en las redes sociales. Pobreza por todos lados.
Cartón pintado. Lo de Greenpeace y los militontos. Bue, es lo que hay. Pero,
ah. En niveles de estructura, digamos que es lo que se pelea –con los errores
de implementación, y volvemos a ciertos fracasos comunicacionales de otra
época- se está discutiendo la cultura, esa batalla, que no se da en las redes
sociales, amiguitos. Esta batalla necesita, de varios componentes más, para que
pesificar, sea una opción para la gente de a pie. Mis mayores ahorros los tengo
en pesos, y en la tarjeta sube. Que pobreza, niña mía, te mentí cuando dije que
colaboraba con Greenpeace y que quería liberar a willy. La discusión tiende a
ser estructural, y esa es la batalla más compleja, porque como se dice el hábito
es la estructura, estructuralizante, estructuradora. Y cómo jode, cuando te
sacan la alfombrita del baño, ja. La cosa viene por ahí, sumada a la
unificación del código civil, la posible reforma de la liberal constitución
argentina, la reforma de la carta orgánica, bastión del neoliberalismo – que nunca
se detiene y hoy está haciendo estragos en europa, junto con el fascismo recalcitrante
que está haciendo escala y equiparando adeptos-. Es de vital importancia hacer
un balance de las nuevas mesas chicas de poder, las mesas chicas, de las mesas
chicas. Brasil es el exponente más grande de América del sur, pero sin la
arrogancia de creerse el portavoz de la región. Arma entramados de disputa de
poder a EEUU con los países que componen el BRICS (sumaron a Sudáfrica).
Argentina tiene un creciente liderazgo en el G-20, levantando la bandera en contra
del FMI y de este anarco capitalismo. En este tablero mundial, las variables
van cambiando, estados unidos sigue perdiendo peso, China –la revolución
industrialista que amasija trabajadores pero crece- va copando el tablero como
en el TEG. Tiene capitales en los principales bancos de eeuu, es el que más
inversiones tiene en América latina – y acá la pregunta es: Cambia el bastón de
América del norte a Asia?- convirtiéndose en el motor de las economías de la
región. Dentro de este marco, quizá desolador y poco auspiciado por las
pantallas, que solo hablan del dólar en forma aislada, y no hablan de otros países,
de las limitaciones para su compra en otros lados más civilizados que este. Por
ejemplo Japón pone restricciones del 400% al arroz, comercializa con su moneda,
no con dólares, y bue, acá se hace todo mal. El eje estructurador pasa por la
alianza con Brasil, la implementación de políticas en conjunto, de medidas
paliativas para apaliar la crisis mundial, esa que los muchachitos de Greenpeace
quieren vivir porque pasa en europa, o sea, esta re a la moda, pero en este
país, que está aislado del mundo y no entiende nada, no la quieren traer a que
desfile por estas tierras. Cristina no entiende nada, de nada. Nos deja en manos de la soberbia de los perdedores.
Un callejón sin salida para Moyano
Por Guillermina Genovese
Publicado el domingo en Edición Nacional
En el medio de la tensión de cara a las próximas elecciones para elegir
nuevas autoridades de la CGT ,
Hugo Moyano se coloca frente a un dilema al enfrentar al movimiento obrero con
un gobierno que innegablemente ha devuelto la dignidad a los trabajadores.
La instauración a partir de 2003 de un modelo productivo
reindustrializador con inclusión social, orientado hacia el mercado interno y
la generación de empleo; la recuperación de las negociaciones colectivas de
trabajo – piedra angular de la actividad gremial-; la estatización de los
fondos jubilatorios; y la significativa recuperación del salario en
la participación de la riqueza, dan cuenta de un proceso social
ascendente de recuperación de derechos para los trabajadores y sus
representaciones sindicales.
Ahora bien, las tensiones entre el ala política y la sindical del
peronismo fueron una constante en la historia del movimiento, traducida en
violencia, ayer, reservada a la pura retórica, hoy. Si hay algo que el peronismo
ha hecho es decirle a los trabajadores y sus gremios que debían involucrarse en
política. El 17 de octubre de 1945 conserva trascendencia en el tiempo no sólo
por ser el mito fundacional del movimiento sino también por convertir a los
trabajadores en actores políticos. Por ello, las aspiraciones del líder de la CGT de trasladar su actividad
gremial a la esfera política no resultan ajenas. Pero en esta decisión, el
titular de la central obrera pretendió dejar de ser un aliado del kirchnerismo
para convertirse en su socio, una pretensión que ya tuvieron otros dirigentes
sindicales –Cipriano Reyes y Vandor, en distintas épocas - en la larga historia
del movimiento obrero organizado y su relación con el peronismo. Lo cierto es,
sin embargo, que el movimiento nunca aceptó el doble comando, por lo que la
estrategia disruptiva planteada por Moyano lo conduce inevitablemente a un callejón sin salida.
Si bien la práctica política corre por terrenos que suelen distar de la
lógica teórica, en la comparación del kirchnerismo con la década menemista
realizada por Moyano, la conducción sindical vuelve a dar un salto al vacío. Si
bien los reclamos de la CGT ,
principalmente la eliminación del mínimo no imponible al salario, son demandas
justas para el conjunto de los trabajadores, el líder de camioneros no puede asimilar
seriamente a la “sintonía fina” del kirchnerismo a las políticas de ajuste de
la década menemista. Se trata de una lectura demasiado inexacta e inapropiada
para alguien que no solo conoce a la perfección el paño político, sino que
también ha sido el representante de la resistencia sindical a la reforma
estructural de los noventa.
En este escenario de ruptura, que describe un punto de no retorno en su
relación con el Gobierno, Moyano deberá demostrar que cuenta con la suficiente
fuerza para continuar al frente de la central obrera sin el apoyo del
kirchnerismo. Habrá que esperar a la resolución de las internas para acercarnos
a un escenario más o menos definitorio, pero todo indicaría que la CGT va a camino a la
fragmentación, un proceso que tendría no sólo consecuencias para la
representación gremial y su vínculo con el gobierno, sino que implicaría un
debate mucho más profundo sobre el modelo sindical argentino.
Lic. Guillermina Genovese
El kirchnerismo y la oposición
El entramado político dispuesto está muy calmo. El Kirchenirsmo está solo, con toda la cancha a su favor. Entre sus mayores logros se encuentran haber podido desparramar a la oposición y hacerla caer en un discurso apocalíptico. El antagonismo, claro, duro, por ideología, es el Macrismo. El Pro, en su conformación, todavía sigue siendo un partido vecinal, con un fuerte anclaje en capital federal y muy poco en el interior. La falta de astucia a la hora de hacer alianzas -y la anomia territorial- lo dejó aislado en capital federal. Macri al ser lo antagónico, construye su discurso desde la visión pospolítica. Esta visión llama constantemente al diálogo, al trabajo en conjunto, al consenso. Niega lo político, la contienda, digamos, las luchas de poder, y la disputa por el sentido. Lo solapa, pero, a la vez, no ejecuta ninguna de esas premisas. Un ejemplo fue el modo orgánico en el que el Pro votó negativamente el interés público de YPF. Esto muestra que los mismos dirigentes del gobierno de la ciudad dicen pero no hacen lo que dicen. Lo que se destaca de esta jugada en el plano político es la posibilidad de diferenciarse del resto. Cuando hay consenso, no hay alternativas reales, es, en cierto modo, todo lo mismo, porque las líneas divisorias no son claras. Y en el caso de YPF, la oposición se unificó de forma hegemónica detrás del proyecto impulsado por el poder ejecutivo. Esa diferenciación, jugada por Macri, puede resultar positiva según cómo funcione la estatización. Esa es una apuesta a futuro, que, además, juega con el estado de ánimo de la sociedad. La sociedad antes avaló la privatización, y hoy avaló la estatización. Se entiende en el plano cíclico. Siguiendo con la oposición, la segunda fuerza en la argentina todavía es el radicalismo. Hoy un tanto dividido, en busca de una renovación dirigencial y, a la vez, en busca de redefinir categorías. Las tensiones internas tiran para diferentes lados. La línea representada por Oscar Aguad, con vínculos con el Macrismo, o la línea de Leopoldo Moreau, un tanto más mesurada. El que quedó desplazado fue Ricardo Alfonsín. Luego queda el Frente Amplio Progresista, que juega su papel en la centroizquierda. El problema para los de Binner está en que, ese espacio, está ganado ampliamente por el oficialismo, y en ese terreno no posee lugar. Si este gobierno termina mal, resultaría difícil que optara por algo parecido. Así está el tablero hoy con vistas al 2015. Surgen los interrogantes en cuanto a la oposición. ¿Cómo puede la oposición generar una alternativa al kirchnerismo? ¿Qué significantes vacios pueden unificar a la oposición en un mismo rumbo forjando un bloque o coalición? ¿Cómo puede construir el nosotros/otros? La principal crítica del discurso opositor, y que, a la vez los unifica, es la crítica liberal-republicana. Ese terreno, el gobierno, lo ha dejado desolado. No por falta de méritos, sino por no utilizarlo en el plano discursivo. En su conformación, el Frente para la victoria, posee elementos Liberal-republicanos, pero no los enarbola, los relega. Algunos ejemplos: la defensa de los derechos humanos, la caída de la figura de calumnias e injurias, las internas abiertas y simultáneas y la equiparación de publicidad en las campañas. Esos son elementos claros, contundentes, Liberales-Republicanos. La oposición puede tomar ese significante vacío, y lograr una conjunción, elaborando un discurso más rico, y a partir de ahí marcar la diferencia nosotros/otros. Pero el problema no se reduce a dicha construcción, sino a las vanidades de los líderes de las principales fuerzas opositoras. La alianza más potable puede surgir entre el FAP y el radicalismo. En cuanto al peronismo, es muy difícil que se una con Macri. El peronismo posee demasiadas alternativas dentro de su partido. Resulta complejo pensar que la oposición para el 2015 no salga del propio Kirchnerismo. También está el desafío que representa la creación de un nuevo sujeto político en el oficialismo. Todo está por verse.
Bonos de tristeza
En mi
pantalón tengo papeles, sueltos. Llevo, por la avenida Belgrano, una
carretilla, repleta de escombros, con culpa. Hay desiertos, hay, en el medio,
baldíos, en el centro. Baldíos en donde me siento, a rascarme la nuca, a soltar
una lágrima. Con muy poco, casi nada, con esta calma impaciente, con los
jardines de Quilmes, con la prosa cansada. Se emiten, en los baldíos, bonos de
tristeza, un beso en la mejilla, un olvido, que sabe a tierra. Escupen miradas indecentes, a las cuatro de la mañana.
Hay pobreza, hay pibas con las manos muertas. Hay pibas, con la frente
arrugada, gastada a golpes; pibas, pibitas, que revuelven el futuro, con la
mirada huidiza. Hay paredes ásperas, con contornos negros, con la
liquidez, con las manos atrás. De eso no se habla. Hay repetición. Hay cabezas
gachas. Hay cordones. Hay veredas. Hay tristeza. Hay Baldíos. Hay pibas, pibitas,
que revuelven el futuro, con la mirada huidiza, con las manos muertas. De eso
no se habla.
Los corazones y avenida Belgrano
Por avenida Belgrano, voy y vuelvo del diario. Es una avenida ancha, tiene en sus veredas un cemento alisado verde, que hizo Macri para la reelección. Igual esa no es la cuestión. La cuestión es la avenida, que siempre lleva a parejitas agarradas de la mano, paseando a perros, que dicho sea de paso, se cagan en todo eso. Porque cagan, claro. Pero el amor, que transita avenida Belgrano, es líquido, bah, no solo en avenida Belgrano, en todos lados, pero en especial en avenida Belgrano. Si, repito porque se me canta. La cosa es líquida, como la moneda que busca la parejita de avenida Belgrano, que se le cayó y la encuentran y son felices. Es liquida, al calor, es liquida. Esa avenida, la Belgrano, se vuelve liquida, siempre, porque se inunda, se llena de agua, rebalsa, se vuelve líquida. Pero el problema es que nadie repara en eso, todos leen las tapas de los diarios en avenida Belgrano y siguen paseando a los perros. Los perros entienden mejor las cosas, entienden la liquidez de la cuestión, y se cagan en esa liquidez, y también en los grandes portales, y las grandes iglesias, van y las cagan bien, y claro, también se cagan en la avenida Belgrano. Pero esa no es la cuestión acá, el problema, o el denominador común es la liquidez. El problema no es de la parejita que pasea por avenida Belgrano, no, señora mía, no. Y tampoco de los perros. El problema es de los corazones, ja. Esa no la esperabas. Claro, los corazones transitan la avenida Belgrano, y saben de la liquidez, la saborean. Los corazones, niña mía, viven de esa puta liquidez. A ver cuantas veces dije liquidez y avenida Belgrano?, saca la calculadora. Vuelvo, no quiero perder el hilo. Bueno, en qué estaba. Ah, sí, la liquidez y los corazones. Digamos, los corazones tienen un problemita, hoy, claro, concreto. Los corazones no se limpian con agua, como la avenida Belgrano, como la mierda de los perros, o la moneda del orto que encontraron la parejita, de avenida Belgrano. Los corazones se limpian con sangre. Con su puta liquidez. Y la sangre, es contradictoria, como pocas, va y viene, no se decide, se sienta en un cordón a esperar, sin reloj, después irrumpe, rompe los portales, las iglesias, las avenidas, puede ser la avenida Belgrano, irrumpe y se lleva todo puesto, y quizá se lleva puesto a la parejita de avenida Belgrano, que estaba feliz porque había encontrado la monedita, los diez centavos, debajo de un pedazo de mierda. En esa liquidez de la sangre, es cuando uno comete los peores errores de su vida, y manda todo a la mierda, y putea al perro que se cagó con liquidez en la avenida Belgrano, y la monja que baldea la iglesia de la avenida Belgrano. Esa liquidez no entiende de razón. La conoce, tiene la dimensión de su adversario, la mide, pero no la cree verdad, no son compatibles, y ahí es cuando todo se va a la mierda. Y la avenida Belgrano se inunda, flota la mierda, y la monedita de diez centavos se pierde, y la parejita muere ahogada. Muere ahogada por la liquidez, ¿se entiende?. Y la sangre se anota una victoria más, y surgen las derrotas, y las sogas se llenan de corazones, que quieren secarse al sol, en la avenida Belgrano. Hoy cuando volvía del diario por la avenida Belgrano, una parejita buscaba una monedita de diez centavos, un perro cagaba en la puerta de una iglesia, una de las esquinas de la avenida Belgrano estaba inundada.
No puede ser, esta ciudad es de mentira
DEL BLOG DE CECILIA:
Decidí venirme a vivir a Buenos Aires de un día para el otro. Estaba pasando por ese momento en que sentís que nada de tu vida te pertenece.
Desperté un martes o miércoles o algo así y dije "Me voy a vivir a Buenos Aires".
Me había recibido hacía unos meses, estaba recién matriculada, trabajaba para un abogado casi gratis, tenía un departamento confortable, arrastraba una relación que no funcionaba hacía más de dos años, ya me había leído toda mi biblioteca al menos tres veces, había recorrido todos los lugares copados de aquella ciudad. Nada que me sacuda. Entonces es cuando el cuerpo te avisa: te tenés que ir.
Repartí los muebles y regalé la mitad de mi ropa de manera que toda mi vida entre en dos valijitas y un bolso de mano. Elegí los libros más chicos, llevé los demás a lo de Martín. Saqué un pasaje de ida, y me fui.
Llegué a la casa de una chica, que muy amablemente me dijo que tenía una habitación desocupada, que venga y me sienta cómoda hasta que me instale definitivamente. Todo transcurrió genial, entre entrevistas laborales, una que otra fiesta, caminatas interminables con una Guía T en mano, personas nuevas.
Un mal día, ella decidió que su vida le había dejado de servir. Pero en lugar de irse, la quiso dejar. Yo volvía de tomar unos mates cuando me encontré aquel escenario de intento de muerte, llamé a los profesionales y terminamos aquella noche y las próximas dos semanas yendo y viniendo a una clínica psiquiátrica. Allí estaban ellos, los locos. Locos de todos los colores, con la tristeza como lugar común. Nadie quería estar ahí, ni ellos ni nosotros (las visitas). Sin embargo, todos los días a las seis de la tarde llegábamos, hacíamos mate y nos sentábamos en ronda a hablar de trivialidades como si nada hubiera pasado y todo fuera natural. Me contaban historias, la mayoría absurdas. Me explicaban cosas fundamentales, como que los pavos reales son de la realeza.
Así estuvimos, hasta que mi roommate se fue de la ciudad, yo de su departamento y nunca volví a saber de la clínica ni de los locos.
Cuando llegué conocí a un chico que tenía una sonrisita tonta. De pronto me vi escuchando jazz a los besos en Thelonius, abrazados en el cine mirando La piel que habito, caminando de la mano por Corrientes algún viernes a la noche. Después simplemente alguna ficha no encajó lo suficiente y dejamos de hablar. Esas cosas pasan en todas las ciudades.
Cuando me fui del primer lugar, me fui al departamento de Flor. Desde que empezó todo el circo, ella me decía que me tenía que ir. Que ella tenía un cuartito, que iba a estar mejor. Y tenía razón. Limpiamos el cuartito, pusimos mis cosas, nos tomamos un vino y nos hicimos amigas.
En un par de semanas conseguí trabajo y al fin hice las paces con la ciudad.
Aprendí a andar en subte, descubrí el mapa interactivo que desplazó a mi Guía T porque te dice cosas como "Camine desde . . . párese en la parada del autobús, deténgalo, suba, inserte una moneda. . .". Descubrí que era cierto aquello de que Buenos Aires es la ciudad que nunca duerme. Entendí que todos están muy solos, y que es probable que se deba a que son demasiados y los trechos son largos. Los trechos afectivos, claro. A los otros se los saltea como si nada. Descubrí también la música indie, la moda hipster; aprendí a usar palabras como "random" o "border" y esas yerbas. De a ratos los veo en bloque, como si todos fueran "cool"y listo. Sin embargo, la simpleza que acarreo de haber nacido en un pueblo de diez mil habitantes me permite verles los detallitos especiales, originales que los hacen bonitos y hacen que cualquier chica crea en las personas.
Todavía descubro cosas cuando camino. Como lugares que son spa, pero también restó, pero también librería y al final del pasillo cabaret. O como personas que duermen en la calle, pero frente al televisor. A veces me digo aquello que decía Benedetti "No puede ser, esta ciudad es de mentira". Pero entonces un porteño calentón me grita que soy una mogólica y que casi lo piso, y entonces vuelvo a tierra y sigo caminando.
Estoy enamorada de esta ciudad. No tengo un lugar propio, tengo muy pocas pertenencias. Mi ropa no tiene nada de indie o de hipster o lo que sea. No hablo inglés y googleo las traducciones para saber de qué están hablando. Y estoy bastante sola, claro. Pero estoy segura de querer estar acá, de seguir caminando las callecitas de Buenos Aires que tienen ese qué se yo...de seguir cruzándome con chicos de sonrisas tontas, o de pestañas bonitas, o dulzura impecable.
No fue fácil elegir quedarme. Pero la vida es un montón de decisiones, y yo prefiero abrazar las que tomo. Abrazar la ciudad.
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